ETA y José Luís Rodríguez Zapatero
Asesinatos de Diseño (1)
Reflexión desde París

Jean Monet, gran estadista y padre de la Unión Europea, era de Cognac. Allí tenía la bodega familiar que producía un excelente cognac y se recuerda aún su alegoría política: "Lo mejor de hacer cognac es que, por encima de todo, te enseña a esperar".
El buen cognac presupone materia prima muy específica, una tremenda competencia profesional, paciencia sobrehumana e inteligencia para elaborar un plan minucioso a largo plazo y la fortaleza de carácter para el esfuerzo sostenido a lo largo de muchos años para llevarlo a cabo sin desviar la vista de los objetivos marcados.
Tras varios meses estudiando la actividad del actual gobierno español, estoy tan seguro de que sus miembros nunca podrían elaborar un cognac decente como de la improbabilidad de que hagan un papel digno en la negociación en que se han enzarzado con los dirigentes de ETA. La mayoría de ellos son muy impacientes y confunden la improvisación con la capacidad de reacción; con sus mentes-microondas, el presidente de gobierno y sus ministros se muestran prisioneros del instante y de la gratificación inmediata. Les falta, así pues un componente imprescindible para la gente que hace historia de forma consciente, la paciencia. Los políticos que pacientes pueden aspirar a una vivencia del tiempo en perspectiva histórica y convertirse en estadistas.
Incluso quienes le aprecian reconocen que el señor Rodríguez Zapatero manifiesta en todo lo que aborda una gran impaciencia, una urgencia casi adolescente por conseguir resultados rápidos y susceptibles de incrementar, así sea unas décimas, su capital de popularidad, debilidad que, dicen, llega a dominarle.
Aunque sea comprensible, y hasta aceptable, la adicción de un político democrático a los sondeos, incluso que viva obsesionado por su imagen, esas debilidades son rasgos de carácter desalentadores en un estadista porque le inhabilitan para emprender tareas de envergadura.
La impaciencia y la prisa serían defectos menores si su misión se limitase a una plácida singladura gubernamental dedicada a la gestión, pero para negociar con los avezados líderes de ETA, la organización terrorista más experimentada de Europa, son lastres fatídicos. Frente a los líderes de ETA, me temo que sea un contrincante mediocre en lo analítico y torpe en lo operativo.
Esas insuficiencias de la personalidad del señor Zapatero me sugieren que vive, como tantas cosas en España, con un ciclo histórico de retraso frente a su contemporaneidad. Ese hombre parece anclado en la calma relativa del fin de la guerra fría, cuando Francis Fukuyama soñaba por las esquinas con el fin de la historia como drama. La patología histórica de España, aparte de su tradicional frustración a la hora de consolidar la legitimidad del estado, es su frecuente falta de sintonía con la contemporaneidad, con el devenir global.
La ETA de hoy, con la que tiene que negociar el señor Zapatero, es si duda un producto de la guerra fría, un arma de guerra programada desde los primeros años 80 para desestabilizar el flanco suroccidental de la OTAN. Al monstruo se le murieron sus doctores Frankestein pero siguió respondiendo al chip que le habían implantado en el cerebro, sin más norte que el movimiento continuo, el seguir siendo.
* Los dirigentes del terrorismo vasco no son en absoluto estúpidos, más bien todo lo contrario, y mucho menos torpes. Dudo incluso que los que de verdad mandan ahí dentro sean realmente fanáticos. Tienen en su haber medio siglo de planificar fríamente asesinatos de diseño y su gran logro es haber logrado enraizar el miedo ambiental en la sociedad vasca. No es exagerado decir que son capaces de condicionar todas las formas de actuación social en el País Vasco.
Me permito llamar la atención sobre tres rasgos definitorios de esas personas y su forma de actuación.
•Primero, que han sabido mantener un grado de decisión colegiada insólito en la izquierda revolucionaria, la cual, por naturaleza, siempre tiende al culto a la personalidad y a la dictadura autocrática.
•Segundo, que han desarrollado, como es lógico con una trayectoria revolucionaria tan prolongada, modos de hacer probados, rituales compartidos y mitologías eficaces.
•Por fin, que cincuenta años de clandestinidad han conformado su psique colectiva con un sesgo funcionalista extremo: junto a la minuciosidad burocrática, lo más distintivo de ese intelecto colectivo es la frialdad de su cálculo táctico, la amoralidad estratégica y una tendencia enfermiza a la programación milimétrica. Elementos devastadores cuando van unidos a una demostrada capacidad organizativa y un virtuosismo notable para la manipulación de las debilidades ajenas.
* El señor Zapatero galopa sobre el tiempo mientras los líderes de ETA se miran en él con querencia de eternidad, de movimiento continuo y autojustificativo.
Otra diferencia esencial entre ambos interlocutores tiene que ver con su origen y cómo han llegado a ser lo que son; el señor Zapatero es un producto de la España democrática, con sus pequeñas grandezas y sus múltiples insuficiencias, mientras que los líderes de ETA son criaturas del Mayo 68, recuperados hace mucho tiempo por los regímenes del socialismo real que los formaron y financiaron.
La innegable competencia profesional de los jefes del terrorismo vasco para cimentar su poder e influencia social se basa en su destreza para dosificar la muerte hasta hacer creíble la amenaza omnipresente. Ese virtuosismo homicida y represor no es producto de la casualidad o del mero desarrollo empírico, aleatorio: se apoya en una elaboración teórica concienzuda a partir de un modelo no por obsoleto menos coherente: el de la guerra popular prolongada del maoísmo: la paciencia como arma definitiva.
A fin de cuentas, son nietos de Lenin y no tienen elecciones cada cuatro años. Conviene recordar aquí también que detrás del equipo de gobierno del señor Zapatero –e impulsando la negociación con los terroristas- hay también bastantes comunistas reconvertidos, náufragos del PC español que comparten mucho del lenguaje y los referentes ideológicos con los líderes de ETA y en el gris panorama de la izquierda crepuscular europea hay otros puntos de contacto igualmente inquietantes.
Reflexión desde París

Jean Monet, gran estadista y padre de la Unión Europea, era de Cognac. Allí tenía la bodega familiar que producía un excelente cognac y se recuerda aún su alegoría política: "Lo mejor de hacer cognac es que, por encima de todo, te enseña a esperar".
El buen cognac presupone materia prima muy específica, una tremenda competencia profesional, paciencia sobrehumana e inteligencia para elaborar un plan minucioso a largo plazo y la fortaleza de carácter para el esfuerzo sostenido a lo largo de muchos años para llevarlo a cabo sin desviar la vista de los objetivos marcados.
Tras varios meses estudiando la actividad del actual gobierno español, estoy tan seguro de que sus miembros nunca podrían elaborar un cognac decente como de la improbabilidad de que hagan un papel digno en la negociación en que se han enzarzado con los dirigentes de ETA. La mayoría de ellos son muy impacientes y confunden la improvisación con la capacidad de reacción; con sus mentes-microondas, el presidente de gobierno y sus ministros se muestran prisioneros del instante y de la gratificación inmediata. Les falta, así pues un componente imprescindible para la gente que hace historia de forma consciente, la paciencia. Los políticos que pacientes pueden aspirar a una vivencia del tiempo en perspectiva histórica y convertirse en estadistas.
Incluso quienes le aprecian reconocen que el señor Rodríguez Zapatero manifiesta en todo lo que aborda una gran impaciencia, una urgencia casi adolescente por conseguir resultados rápidos y susceptibles de incrementar, así sea unas décimas, su capital de popularidad, debilidad que, dicen, llega a dominarle.
Aunque sea comprensible, y hasta aceptable, la adicción de un político democrático a los sondeos, incluso que viva obsesionado por su imagen, esas debilidades son rasgos de carácter desalentadores en un estadista porque le inhabilitan para emprender tareas de envergadura.
La impaciencia y la prisa serían defectos menores si su misión se limitase a una plácida singladura gubernamental dedicada a la gestión, pero para negociar con los avezados líderes de ETA, la organización terrorista más experimentada de Europa, son lastres fatídicos. Frente a los líderes de ETA, me temo que sea un contrincante mediocre en lo analítico y torpe en lo operativo.
Esas insuficiencias de la personalidad del señor Zapatero me sugieren que vive, como tantas cosas en España, con un ciclo histórico de retraso frente a su contemporaneidad. Ese hombre parece anclado en la calma relativa del fin de la guerra fría, cuando Francis Fukuyama soñaba por las esquinas con el fin de la historia como drama. La patología histórica de España, aparte de su tradicional frustración a la hora de consolidar la legitimidad del estado, es su frecuente falta de sintonía con la contemporaneidad, con el devenir global.
La ETA de hoy, con la que tiene que negociar el señor Zapatero, es si duda un producto de la guerra fría, un arma de guerra programada desde los primeros años 80 para desestabilizar el flanco suroccidental de la OTAN. Al monstruo se le murieron sus doctores Frankestein pero siguió respondiendo al chip que le habían implantado en el cerebro, sin más norte que el movimiento continuo, el seguir siendo.
* Los dirigentes del terrorismo vasco no son en absoluto estúpidos, más bien todo lo contrario, y mucho menos torpes. Dudo incluso que los que de verdad mandan ahí dentro sean realmente fanáticos. Tienen en su haber medio siglo de planificar fríamente asesinatos de diseño y su gran logro es haber logrado enraizar el miedo ambiental en la sociedad vasca. No es exagerado decir que son capaces de condicionar todas las formas de actuación social en el País Vasco.
Me permito llamar la atención sobre tres rasgos definitorios de esas personas y su forma de actuación.
•Primero, que han sabido mantener un grado de decisión colegiada insólito en la izquierda revolucionaria, la cual, por naturaleza, siempre tiende al culto a la personalidad y a la dictadura autocrática.
•Segundo, que han desarrollado, como es lógico con una trayectoria revolucionaria tan prolongada, modos de hacer probados, rituales compartidos y mitologías eficaces.
•Por fin, que cincuenta años de clandestinidad han conformado su psique colectiva con un sesgo funcionalista extremo: junto a la minuciosidad burocrática, lo más distintivo de ese intelecto colectivo es la frialdad de su cálculo táctico, la amoralidad estratégica y una tendencia enfermiza a la programación milimétrica. Elementos devastadores cuando van unidos a una demostrada capacidad organizativa y un virtuosismo notable para la manipulación de las debilidades ajenas.
* El señor Zapatero galopa sobre el tiempo mientras los líderes de ETA se miran en él con querencia de eternidad, de movimiento continuo y autojustificativo.
Otra diferencia esencial entre ambos interlocutores tiene que ver con su origen y cómo han llegado a ser lo que son; el señor Zapatero es un producto de la España democrática, con sus pequeñas grandezas y sus múltiples insuficiencias, mientras que los líderes de ETA son criaturas del Mayo 68, recuperados hace mucho tiempo por los regímenes del socialismo real que los formaron y financiaron.
La innegable competencia profesional de los jefes del terrorismo vasco para cimentar su poder e influencia social se basa en su destreza para dosificar la muerte hasta hacer creíble la amenaza omnipresente. Ese virtuosismo homicida y represor no es producto de la casualidad o del mero desarrollo empírico, aleatorio: se apoya en una elaboración teórica concienzuda a partir de un modelo no por obsoleto menos coherente: el de la guerra popular prolongada del maoísmo: la paciencia como arma definitiva.
A fin de cuentas, son nietos de Lenin y no tienen elecciones cada cuatro años. Conviene recordar aquí también que detrás del equipo de gobierno del señor Zapatero –e impulsando la negociación con los terroristas- hay también bastantes comunistas reconvertidos, náufragos del PC español que comparten mucho del lenguaje y los referentes ideológicos con los líderes de ETA y en el gris panorama de la izquierda crepuscular europea hay otros puntos de contacto igualmente inquietantes.
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