Carácter y magisterio de ETA
Para evaluar las posibilidades de los líderes terroristas de ganarle la partida a un actor de las características del gobierno del señor Zapatero en la negociación, es preciso analizar el triunfo de ETA frente a sus adversarios locales y (casi todos) sus enemigos externos.
Y para entender lo que ha permitido a ETA sobrevivir y afianzar su dominio sobre la sociedad vasca es importante desconstruir las dos imágenes más comunes que se tienen de esa organización: la de un grupo de asesinos obtusos que matan como mera expresión de odios irracionales, y la del grupo de antiguos idealistas armados medio románticos rec
onvertidos a una mafia criminal para la que lo político es un mero discurso legitimador.Se ha afirmado, incluso por gente familiarizada con la realidad vasca, que los líderes de ETA serían los herederos de los caciques carlistas del siglo XIX, personas de cierta inteligencia y poca cultura que, a partir de un eficiente sistema de reclutamiento de carne de cañón, habrían construido una máquina casi perfecta de matar. Su materia prima serían los jóvenes, generalmente de medio rural e ínfimo nivel sociocultural, a los que adoctrinan y ponen un arma en la mano con un discurso etnicista y colectivista. En la visión de los que piensan así, la estrategia de los líderes de ETA se limitaría a mantener la maquinaria de asesinar en marcha y esperar a que un día u otro las elites locales y el gobierno español accedan a sus exigencias a cambio de desenchufarla.
Otra escuela, que ha tenido un crecimiento notable en los últimos años, ve en ETA una estructura meramente mafiosa, que quizá en otro tiempo tuviera unas motivaciones políticas pero que hoy es una organización criminal que utiliza el discurso político como argumento para reclutar incautos y aliviar las conciencias de quienes, por miedo, incultura o estupidez, colaboran con ellos.
* Yo pienso que ambas explicaciones son reduccionistas por cinco razones de peso.
- Primero, porque en torno a la actividad terrorista de ETA y en sinergia con ella, los líderes de la organización han logrado articular un movimiento de contornos vagos que, en una u otra forma, encuadra a un sector apreciable de la población vasca, en torno a un 10 por 100, cifra que puede ser considerablemente superior en según qué zonas.
- En segundo lugar, la cúpula terrorista ha sido siempre cosmopolita, cultivando a lo largo de su historia una tupida red de contactos internacionales que la encuadran en el ámbito de los movimientos revolucionarios tercermundistas y en los antisistema del primer mundo, incluyendo su participación en conflictos guerrilleros externos.
- En tercer lugar, la organización ha tenido una producción teórica que, por mucho que no sea de un nivel intelectual deslumbrante, sí es internamente coherente y se ha revelado eficaz en cada momento para sustentar los objetivos tácticos de la organización.
- En cuarto lugar, los responsables de la dirección civil de ETA han demostrado una impresionante capacidad para obtener y administrar beneficios políticos de la actividad terrorista, articulando cuotas de poder e influencia desmesuradas, sin relación con su “capacidad militar.”
- Por fin, un dato trascendental y que no recibe la atención debida –al menos en el debate público- es que los sectores próximos a ETA han llegado a alcanzar una hegemonía indiscutible en la esfera cultural vasca, incluyendo en primer lugar el sistema educativo, pero impregnando por capilaridad todos los marcos referenciales del discurso colectivo y la sociedad civil.
* Invariablemente, los dirigentes de ETA han utilizado el asesinato con un objetivo más allá del exterminio físico de un adversario. De hecho, casi siempre han elegido a sus víctimas no por su calidad de enemigos suyos sino por ser, en una u otra forma, asimilables simbólicamente al enemigo: del cocinero en un cuartel al director financiero de un grupo editorial al que querían “mandar un aviso,” pasando por un catedrático constitucionalista.
En lo inmediato, los asesinatos decretados por los líderes del terrorismo vasco son diseñados con un fin didáctico y han buscado siempre un triple objetivo:
- aumentar el miedo ambiental en el conjunto de la sociedad,
- pasivizar y neutralizar a grupos o estamentos concretos que pudieran oponerse a sus designios
- y cimentar en sus propios seguidores y militantes la conciencia de la rentabilidad del asesinato como herramienta política.
En un plano más sutil, cada asesinato decretado por los líderes es para sus fieles un desencadenante catártico, sobre el que deben pronunciarse y “asumir” como propio, en una especie de unión sacramental que genera un vínculo muy similar al de de ciertas sectas religiosas a lo largo de la historia.
Los partidarios de la identificación de ETA con una organización predominantemente criminal aducen que también la Mafia, a veces, ordena asesinatos didácticos, de escarmiento o de amenaza hacia un colectivo de gentes de quienes buscan una actitud favorable por activa o por pasiva para sus intereses.
Pero los mafiosos nunca han creado un departamento de agitación y propaganda para justificar sus asesinatos ni han dedicado ingentes esfuerzos para controlar el sistema educativo siciliano o construir un movimiento de masas.
Brutal e inhumano, sin duda, el asesinato es para los líderes de ETA un recurso discursivo, retórico, como vamos a ver a continuación.
* Uno de los mayores triunfos de la estrategia de los líderes de ETA fue resultado de su decisión de asesinar a un exministro socialista, paradigma de la corrección política, que se declaraba abiertamente partidario de dialogar con ellos. Lo mandaron matar para demostrar, más allá de toda duda, que eran capaces de aplicar el principio de crueldad infinita, que si hacían matar a esa persona, partidaria de negociar con ellos y hacerles concesiones, ¿quién podía considerarse a salvo de sus verdugos? Lo asesinaron, en resumidas cuentas, no porque tuvieran nada personal en su contra, sino por mostrar, a propios y extraños, particularmente a los sectores progresistas, hasta dónde estaban dispuestos a llegar y que nadie tenía bula. Curiosamente –o quizá no tanto- la familia del asesinado no dudó en manifestarse exigiendo la negociación con la organización terrorista, el sacralizado diálogo. Probablemente nunca llegasen a plantearse hasta qué punto el asesinato de su familiar era una aportación retórica de los aristócratas de la muerte a su debate-logomaquia-diálogo frente al mundo, su negación de lo temporal para reivindicar lo inmanente, el quedarse dentro de un mismo dominio espacial simbólico frente a la historia. Los familiares del sacrificado aceptaron la versión de los terroristas de que había muerto por culpa del gobierno (que no daba a los asesinos lo que querían) y al reaccionar así dieron a los líderes terroristas una preciosa confirmación de la eficacia de su utilización del asesinato simbólico como herramienta de lenguaje y arma política.
Donde el pathos revolucionario creado por ETA se acerca más al territorio de las sectas religiosas es en la reacción de los partidarios de ETA hacia esos crímenes didácticos, ante el asesinato de diseño. Algunos seguidores de ETA, brindan demostrativamente con champagne para festejar un coche bomba, o celebran los asesinatos con juergas y comilonas seguidas de bailes supuestamente ancestrales.
Comulgan con la sangre de las víctimas, participando en una coreografía que está más cerca de los cuchillos de obsidiana de los sacerdotes aztecas que de los razonamientos de Marx y la reflexión de Lenin sobre la vanguardia de revolucionarios profesionales destinados a guiar al pueblo hacia el nirvana del hombre nuevo y el a cada quién según sus necesidades, etc.

La fórmula retórica de los dirigentes terroristas vascos es siempre sacramental. Ellos son los sumos sacerdotes y sacrifican a la víctima ante su pueblo que se embadurnará con la sangre. Pero, aunque el discurso sólo sea totalmente eficaz para con su parroquia, eso no quiere decir que se dirija sólo a ella; al revés, contiene elementos muy interesantes dirigidos al mundo exterior, hacia la población vasca que no comulga con sus ruedas de molino, hacia la izquierda española y hacia las elites europeas. Su comunicación es la más compleja técnicamente de las presentes en el marco del conflicto terrorista, concebida dentro de la lógica político-militar más depurada, y articulada con gran destreza, con una gama amplia de actuaciones de violencia simbólica, desde la del tipo intifada palestina al atentado masivo, pasando por el asesinato de diseño.
* La tradición comunista de la persuasión se basa en la psicología conductista y en una aplicación descarnada de los estudios de Ivan Pavlov sobre los reflejos condicionados, expuesta en el famoso capítulo 6 de “La violación de las multitudes” de Serge Tchakhotine sobre simbolismo y propaganda política. Curiosamente, la inspiración de Tchakhotine fue la divisa que el rey de Francia Luis XIV hacía grabar en sus cañones, “ultima ratio regum”, es decir, “la última razón de los reyes”, o sea, persuasión primero y coerción después, es decir, zanahoria y palo (por este orden).
Los dirigentes terroristas vascos, formados en esa tradición, han desarrollado una extraordinaria destreza para utilizar la violencia como soporte de comunicación, particularmente en su engarce sinérgico con la acción política. La persuasión es un concepto más amplio que la propaganda, ya que en la práctica los "argumentos" pueden ser una combinación de amenazas y llamamientos, que incluyen una dosis fuerte de amenaza de coerción física y psíquica. La persuasión manipulativa del líder terrorista incluye el chantaje y la amenaza del ejercicio de la violencia, el secuestro, la tortura y los ataques al patrimonio del elegido como "objetivo."
* Los terroristas leninistas, como ETA, sienten verdadera pasión por el estado y buscan siempre acercarse lo más posible a la situación de un estado totalitario (**), para el cual el ejercicio de la violencia no es un medio para defender a los ciudadanos sino para asegurarse su obediencia.
Por eso utilizan la violencia dentro de esa misma lógica: el verdadero demócrata popular ha de estar de acuerdo con ellos, el auténtico vasco patriota debe apoyarles y el trabajador consciente debe ser miembro de su sindicato. Los que no entren en esas categorías angélicas son o tibios indiferentes -en todo caso, insolidarios- o bien enemigos de clase, opresores del pueblo vasco o fascistas emboscados a los que moralmente se puede y operativamente se debe eliminar en la medida de las posibilidades.
Es comprensible que los del sector de tibios indiferentes procuren hacer, decir y callar de forma que, como mínimo, no se les asimile a los del grupo de asesinables. Esa es la victoria de la pedagogía etarra.
(*) Serge Tchakhotine (Chakotin en otras grafías) fue el teórico de la propaganda de masas más influyente del Komintern en tiempos de Stalin. Sus trabajos han seguido utilizándose, con adaptaciones accesorias, hasta el día de hoy.
(**) La situación de dualidad de poder es un esquema clásico de la lucha revolucionaria, teorizado a fondo por la tradición trotskista, que la concibe como el proceso de implantación de un estado alternativo que busca primero la situación de dualidad de poder y luego, poco a poco hasta crear las condiciones favorables del gran salto, ir acorralando al estado enemigo.
2 Comments:
¿Influiría en su actitud que fueran ellos los que pusieran los muertos?
Es seguro que la asimetría total de quién pone (o deja de poner) muertos encima de la mesa de negociación eterna es parte esencial del conflicto vasco.
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