Segolène Royal y sus impuestos
La candidata mascarón de proa del socialismo francés y europeo y su compañero, François Hollande, secretario del Partido Socialista francés y gran Inquisidor fiscal, tienen una sociedad instrumental para evitar pagar el impuesto sobre la fortuna.
Desde hace dieciséis años, Segolène Royal y su novio François Hollande han mantenido una SCI (Sociedad civil inmobiliaria) a cuyo nombre tienen el inmueble de lujo donde viven, sus residencias secundarias y no sabemos qué más.
Digo que no lo sabemos porque los balances de la sociedad La Sapinière no son públicos, viva la transparencia republicana.El escándalo lleva tres días rebotando por los blogs franceses, si bien la prensa y el adversario electoral de la señora Royal, Nicolás Sarkozy, aún no se han hecho eco del mismo.
Yo pienso que los detalles del affaire son tan sórdidos y desalentadores sobre la calidad ética de los dirigentes del socialismo francés que están todos un tanto sobrecogidos y con miedo de las consecuencias que pudiera tener un desfonde de la candidatura de la encantadora señora para el fragilizado sistema político francés.
Y digo los detalles porque al principio sólo se circulaba en la red la copia del registro de sociedades
>click>> COPIA DEL REGISTRO DE SOCIEDADES
pero anteayer por la tarde apareció la copia escaneada de los estatutos de la sociedad y el aspecto estético del asunto ha empeorado sensiblemente.
Por una parte, el artículo 19 de los estatutos autoriza a los socios a mantener “cuentas corrientes” en la caja de la sociedad. Una de las argucias de lo que se llama en Francia, en el argot de la evasión fiscal, aparcar el dinero para sustraerlo a la vigilancia fiscal al figurar como inversión en lugar de como disponible.
Por otra parte nos enteramos que hasta 1998 la sociedad se llamó Royal-Hollande, pero a partir de ese momento –en llamativa coincidencia con las primeras ambiciones presidenciales de la encantadora señora- cambiaron el nombre a La Sapinière. No se puede probar que fuera para disminuir la probabilidad de que la sociedad fuera descubierta por los medios de comunicación.
Por fin, resulta que la sociedad se constituyó con un capital de 6 millones de francos de los de 1990 –apxte un millón de euros—pero, claro, ese no es el valor actual de su patrimonio, el cual, como mínimo ascendería a 2 millones, pero que puede ser más, nadie lo sabe puesto que los balances y las declaraciones de la Sapinière, por decisisón de la señora Royal y el señor Hollande, no son públicos.
Un asunto clave para entender el potencial destructivo de este escándalo para la imagen del socialismo y la ambición presidencial de la señora Royal es que el señor Hollande ha tenido la desafortunada idea de participar en la campaña en plan Torquemada fiscal (o Robin Hood tributario) diciendo majaderías del tipo de que el pavoroso déficit fiscal francés se arregla aumentando el impuesto a los ricos y a quienes ganan más de 4,000 euros al mes.
Se le ha olvidado añadir que no hayan tenido la previsión de montarse una sociedad ad hoc para camuflar su fortuna a la Hacienda pública.
Por otra parte nos enteramos que hasta 1998 la sociedad se llamó Royal-Hollande, pero a partir de ese momento –en llamativa coincidencia con las primeras ambiciones presidenciales de la encantadora señora- cambiaron el nombre a La Sapinière. No se puede probar que fuera para disminuir la probabilidad de que la sociedad fuera descubierta por los medios de comunicación.
Por fin, resulta que la sociedad se constituyó con un capital de 6 millones de francos de los de 1990 –apxte un millón de euros—pero, claro, ese no es el valor actual de su patrimonio, el cual, como mínimo ascendería a 2 millones, pero que puede ser más, nadie lo sabe puesto que los balances y las declaraciones de la Sapinière, por decisisón de la señora Royal y el señor Hollande, no son públicos.
Un asunto clave para entender el potencial destructivo de este escándalo para la imagen del socialismo y la ambición presidencial de la señora Royal es que el señor Hollande ha tenido la desafortunada idea de participar en la campaña en plan Torquemada fiscal (o Robin Hood tributario) diciendo majaderías del tipo de que el pavoroso déficit fiscal francés se arregla aumentando el impuesto a los ricos y a quienes ganan más de 4,000 euros al mes.
Se le ha olvidado añadir que no hayan tenido la previsión de montarse una sociedad ad hoc para camuflar su fortuna a la Hacienda pública.
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