martes, enero 30, 2007

El sueño del hombre de los calcetines blancos


Asesinatos de Diseño (5)

Antes de entrar en las narrativas antagónicas del gobierno español y los que se oponen a la negociación y la paz pactada con los terroristas, es conveniente repasar algunos parámetros de la personalidad de ese caudillo bondadoso que es el señor Zapatero, particularmente de su ambición y sus sueños.


Hay una foto del señor Zapatero en sus tiempos de joven promesa del Partido Socialista español que hubiera inspirado a un director de cine costumbrista italiano: con traje casi negro demasiado ceñido y gafas de sol demasiado obscuras, aplaudiendo con un fervor impostado, el que iba a llegar a jefe de gobierno de España asistía a un acto político al aire libre; estaba de pie, con el cuerpo inclinado hacia delante, como con avidez, con el pantalón, demasiado corto, dejando ver unos calcetines blancos desgarradores, emblemáticos. Tenía el aspecto de un latin lover de guardarropía pero también podría ser (y era) un joven ambicioso y dispuesto a todo para escalar en las laderas del Everest del poder.

No quiero que se piense que subrayo el mal gusto de ese hombre en su juventud para descalificarlo o por ferocidad esteticista; ¿es lícito después de Voltaire escribir sobre ese tema? Ocurre que esa imagen de archivo se me ha quedado grabada, quizá porque la vi cuando ya el señor Zapatero era presidente de gobierno, y siempre que alguien comenta en mi presencia sobre gente ávida o ambiciosos irrefrenados, me vuelve a la memoria; se me ha convertido en un meme (*) definido ex-post…

Me digo también a veces que, a fin de cuentas, si en algo cree el liberalismo es en la ambición del individuo como fuerza motriz de la historia y los logros colectivos de la especie. La ambición del hombre de los calcetines blancos ¿no sería, en sí, una cualidad, como lo ha sido, sin duda, para la mayoría de los grandes estadistas?

Un dato a tener en cuenta es que, según parece, el señor Zapatero nunca ha tenido una actividad profesional fuera del ámbito del partido socialista español.

El PSOE refundado por Felipe González en los años 70, una organización sin apenas vínculos personales e ideológicos con la organización del socialismo en el exilio, se convirtió enseguida en un banderín de enganche de jóvenes ambiciosos, sobre todo a partir de ganar las elecciones legislativas en 1982 y mantenerse en el poder durante trece años, para terminar hundido en un mar de sargazos de escándalos de corrupción. Pero, visto sin pasión, en la España todavía clasista, el carnet del partido socialista fue para muchos la herramienta de ascenso social, lo que tradicionalmente era una buena cuna en esa sociología española de la hidalguía.

* Cuando Felipe González buscó el apoyo del capitalismo liberal de la Costa Este americana en 1977, el partido socialista refundado renunció expresamente al marxismo y, en lo programático, a su promesa de mantener a España fuera de la Alianza Atlántica. Esa misma libertad con sus planteamientos de principios ha sido utilizada por sus adversarios para acusarle de ser una mera maquinaria electoral doblada de una estructura clientelista.

En cualquier caso, a juzgar por las frecuentes y exasperadas pugnas internas por el poder, el partido socialista español no es exactamente una comunidad de idealistas admirable por el desinterés y fervor cívico de sus cuadros intermedios. Es, más bien, un ámbito cerrado, un huis clos sartriano, donde conviven tres corrientes ideológicas, cruzadas por una estratificación de lealtades personalistas, a menudo referidas a feudos territoriales. Una feria de las ambiciones, sólo moderadas por la necesidad de formularlas de acuerdo con un canon ideológico de compromiso personal con el bien de la sociedad, de enmarcarlas en un discurso legitimador altruista que les permite cualquier casuística, cualquier barbaridad.

El señor Zapatero, a partir de las descripciones que hacen quienes han tenido trato directo con él, es un ambicioso trepidante, impulsivo y dado a perseguir espejismos gratificantes. Ese tipo de personalidades, en general, aceleran el presente hasta el paroxismo para no tener que contemplarse en el transcurrir. Sería una forma de eludir ponerse en cuestión o someterse al juicio de su propio sentido crítico. Sorprendidos cuando la vida parece regalarles triunfos con los que saciar –pasajeramente su ansia interna, y que en el fondo de sí no creen merecer, desarrollan una fe en la suerte, la buena estrella, o la fortuna que premia a los audaces y cosas por el estilo.
Algunas actitudes del señor Zapatero en el ejercicio del poder son ingenuas y hasta conmovedoras. Me traen irremediablemente a la memoria el monólogo de Segismundo en La Vida Es Sueño (**). Pero, hay que insistir, no es este el cuadro psicológico óptimo para alguien con obligaciones de estadista en tiempos de crisis.

La ambición obsesiva casi nunca es buena porque ciega a quien la padece. El obseso es cegado por el objeto de su obsesión, sea este un objeto real, tangible, o meramente imaginado, objetivo (perdón por la redundancia) o subjetivo. Los comportamientos compulsivos alimentados por factores inconscientes, como no puede ser de otra manera, tienden siempre a ir más lejos que lo que permitiría suponer el escenario original en el que surgen. La ceguera en el caso de los políticos se produce a menudo por un sentido crítico insuficiente hacia todo lo que favorece su ambición; se ve lo que se quiere ver y se deja de ver lo que contradice la ensoñación.

Y en las rivalidades y contiendas partidarias internas a través de las cuales el señor Zapatero fue subiendo hasta la secretaría general de su partido, contó en cada momento con el apoyo de un sector minoritario pero extremadamente hábil y experto políticamente, pero no precisamente desinteresado: los compañeros que volvieron del frío.

* Los veteranos del Partido Comunista pasados al socialista, apostaron por el señor Zapatero y le ayudaron a desbancar dentro del partido los socialdemócratas, la generación que hizo la transición española, básicamente formada en la veneración de la socialdemocracia escandinava y apadrinada en sus comienzos por Olof Palme y Willi Brandt.

No hay que entender sin embargo que el señor Zapatero sea un ingenuo. Si su discurso, que podría pasar por el del dirigente de una ONG caritativa, se correspondiera realmente con su personalidad, es poco probable que hubiera llegado a secretario general de una organización como el partido de los socialistas españoles, que responde, como las de sus correligionarios franceses e italianos, a lo que el Mao Tzedong de la Revolución Cultural llamó feudalismo burocrático.




[*]Meme es un término inventado por Richard Dawkins y que podría definirse como una unidad de información cultural transferible de una persona a otra. Ejemplos de memes serían las frases hechas que se popularizan, los eslógans felices, las modas etc. Para mí esa foto se convirtió en el meme simbólico de la ambición de los escaladores.

[**]¡Válgame el cielo, qué veo!
¡Válgame el cielo, qué miro!
Con poco espanto lo admiro,
con mucha duda lo creo.
¿Yo en palacios suntuosos?
¿Yo entre telas y brocados?
¿Yo cercado de criados
tan lucidos y briosos?
¿Yo despertar de dormir
en lecho tan excelente?
¿Yo en medio de tanta gente
que me sirva de vestir?
Decir que sueño es engaño;
bien sé que despierto estoy.
¿Yo Segismundo no soy?
Dadme, cielos, desengaño.
Decidme: ¿qué pudo ser
esto que a mi fantasía
sucedió mientras dormía,
que aquí me he llegado a ver?
Pero sea lo que fuere,
¿quién me mete en discurrir?
Dejarme quiero servir,
y venga lo que viniere.

domingo, enero 28, 2007

Carácter y magisterio de ETA

Asesinatos de Diseño (4)

Para evaluar las posibilidades de los líderes terroristas de ganarle la partida a un actor de las características del gobierno del señor Zapatero en la negociación, es preciso analizar el triunfo de ETA frente a sus adversarios locales y (casi todos) sus enemigos externos.

Y para entender lo que ha permitido a ETA sobrevivir y afianzar su dominio sobre la sociedad vasca es importante desconstruir las dos imágenes más comunes que se tienen de esa organización: la de un grupo de asesinos obtusos que matan como mera expresión de odios irracionales, y la del grupo de antiguos idealistas armados medio románticos reconvertidos a una mafia criminal para la que lo político es un mero discurso legitimador.

Se ha afirmado, incluso por gente familiarizada con la realidad vasca, que los líderes de ETA serían los herederos de los caciques carlistas del siglo XIX, personas de cierta inteligencia y poca cultura que, a partir de un eficiente sistema de reclutamiento de carne de cañón, habrían construido una máquina casi perfecta de matar. Su materia prima serían los jóvenes, generalmente de medio rural e ínfimo nivel sociocultural, a los que adoctrinan y ponen un arma en la mano con un discurso etnicista y colectivista. En la visión de los que piensan así, la estrategia de los líderes de ETA se limitaría a mantener la maquinaria de asesinar en marcha y esperar a que un día u otro las elites locales y el gobierno español accedan a sus exigencias a cambio de desenchufarla.

Otra escuela, que ha tenido un crecimiento notable en los últimos años, ve en ETA una estructura meramente mafiosa, que quizá en otro tiempo tuviera unas motivaciones políticas pero que hoy es una organización criminal que utiliza el discurso político como argumento para reclutar incautos y aliviar las conciencias de quienes, por miedo, incultura o estupidez, colaboran con ellos.

* Yo pienso que ambas explicaciones son reduccionistas por cinco razones de peso.

  • Primero, porque en torno a la actividad terrorista de ETA y en sinergia con ella, los líderes de la organización han logrado articular un movimiento de contornos vagos que, en una u otra forma, encuadra a un sector apreciable de la población vasca, en torno a un 10 por 100, cifra que puede ser considerablemente superior en según qué zonas.

  • En segundo lugar, la cúpula terrorista ha sido siempre cosmopolita, cultivando a lo largo de su historia una tupida red de contactos internacionales que la encuadran en el ámbito de los movimientos revolucionarios tercermundistas y en los antisistema del primer mundo, incluyendo su participación en conflictos guerrilleros externos.

  • En tercer lugar, la organización ha tenido una producción teórica que, por mucho que no sea de un nivel intelectual deslumbrante, sí es internamente coherente y se ha revelado eficaz en cada momento para sustentar los objetivos tácticos de la organización.

  • En cuarto lugar, los responsables de la dirección civil de ETA han demostrado una impresionante capacidad para obtener y administrar beneficios políticos de la actividad terrorista, articulando cuotas de poder e influencia desmesuradas, sin relación con su “capacidad militar.”
  • Por fin, un dato trascendental y que no recibe la atención debida –al menos en el debate público- es que los sectores próximos a ETA han llegado a alcanzar una hegemonía indiscutible en la esfera cultural vasca, incluyendo en primer lugar el sistema educativo, pero impregnando por capilaridad todos los marcos referenciales del discurso colectivo y la sociedad civil.
Empleo aquí los términos cultural y hegemonía en la acepción de Gramsci.

* Invariablemente, los dirigentes de ETA han utilizado el asesinato con un objetivo más allá del exterminio físico de un adversario. De hecho, casi siempre han elegido a sus víctimas no por su calidad de enemigos suyos sino por ser, en una u otra forma, asimilables simbólicamente al enemigo: del cocinero en un cuartel al director financiero de un grupo editorial al que querían “mandar un aviso,” pasando por un catedrático constitucionalista.

En lo inmediato, los asesinatos decretados por los líderes del terrorismo vasco son diseñados con un fin didáctico y han buscado siempre un triple objetivo:
  • aumentar el miedo ambiental en el conjunto de la sociedad,
  • pasivizar y neutralizar a grupos o estamentos concretos que pudieran oponerse a sus designios
  • y cimentar en sus propios seguidores y militantes la conciencia de la rentabilidad del asesinato como herramienta política.

En un plano más sutil, cada asesinato decretado por los líderes es para sus fieles un desencadenante catártico, sobre el que deben pronunciarse y “asumir” como propio, en una especie de unión sacramental que genera un vínculo muy similar al de de ciertas sectas religiosas a lo largo de la historia.

Los partidarios de la identificación de ETA con una organización predominantemente criminal aducen que también la Mafia, a veces, ordena asesinatos didácticos, de escarmiento o de amenaza hacia un colectivo de gentes de quienes buscan una actitud favorable por activa o por pasiva para sus intereses.

Pero los mafiosos nunca han creado un departamento de agitación y propaganda para justificar sus asesinatos ni han dedicado ingentes esfuerzos para controlar el sistema educativo siciliano o construir un movimiento de masas.

Por eso, aunque pueda compartir una serie de rasgos con las organizaciones mafiosas, ETA no es esencialmente una organización mafiosa. El asesinato de diseño, como mensaje que envían al mundo, es para ellos una herramienta al servicio de un proyecto político, parte de su comunicación simbólica y herramienta de su “creación de conciencia.”

Brutal e inhumano, sin duda, el asesinato es para los líderes de ETA un recurso discursivo, retórico, como vamos a ver a continuación.

* Uno de los mayores triunfos de la estrategia de los líderes de ETA fue resultado de su decisión de asesinar a un exministro socialista, paradigma de la corrección política, que se declaraba abiertamente partidario de dialogar con ellos. Lo mandaron matar para demostrar, más allá de toda duda, que eran capaces de aplicar el principio de crueldad infinita, que si hacían matar a esa persona, partidaria de negociar con ellos y hacerles concesiones, ¿quién podía considerarse a salvo de sus verdugos? Lo asesinaron, en resumidas cuentas, no porque tuvieran nada personal en su contra, sino por mostrar, a propios y extraños, particularmente a los sectores progresistas, hasta dónde estaban dispuestos a llegar y que nadie tenía bula. Curiosamente –o quizá no tanto- la familia del asesinado no dudó en manifestarse exigiendo la negociación con la organización terrorista, el sacralizado diálogo. Probablemente nunca llegasen a plantearse hasta qué punto el asesinato de su familiar era una aportación retórica de los aristócratas de la muerte a su debate-logomaquia-diálogo frente al mundo, su negación de lo temporal para reivindicar lo inmanente, el quedarse dentro de un mismo dominio espacial simbólico frente a la historia. Los familiares del sacrificado aceptaron la versión de los terroristas de que había muerto por culpa del gobierno (que no daba a los asesinos lo que querían) y al reaccionar así dieron a los líderes terroristas una preciosa confirmación de la eficacia de su utilización del asesinato simbólico como herramienta de lenguaje y arma política.

Donde el pathos revolucionario creado por ETA se acerca más al territorio de las sectas religiosas es en la reacción de los partidarios de ETA hacia esos crímenes didácticos, ante el asesinato de diseño. Algunos seguidores de ETA, brindan demostrativamente con champagne para festejar un coche bomba, o celebran los asesinatos con juergas y comilonas seguidas de bailes supuestamente ancestrales.

Comulgan con la sangre de las víctimas, participando en una coreografía que está más cerca de los cuchillos de obsidiana de los sacerdotes aztecas que de los razonamientos de Marx y la reflexión de Lenin sobre la vanguardia de revolucionarios profesionales destinados a guiar al pueblo hacia el nirvana del hombre nuevo y el a cada quién según sus necesidades, etc.

La fórmula retórica de los dirigentes terroristas vascos es siempre sacramental. Ellos son los sumos sacerdotes y sacrifican a la víctima ante su pueblo que se embadurnará con la sangre. Pero, aunque el discurso sólo sea totalmente eficaz para con su parroquia, eso no quiere decir que se dirija sólo a ella; al revés, contiene elementos muy interesantes dirigidos al mundo exterior, hacia la población vasca que no comulga con sus ruedas de molino, hacia la izquierda española y hacia las elites europeas. Su comunicación es la más compleja técnicamente de las presentes en el marco del conflicto terrorista, concebida dentro de la lógica político-militar más depurada, y articulada con gran destreza, con una gama amplia de actuaciones de violencia simbólica, desde la del tipo intifada palestina al atentado masivo, pasando por el asesinato de diseño.

* La tradición comunista de la persuasión se basa en la psicología conductista y en una aplicación descarnada de los estudios de Ivan Pavlov sobre los reflejos condicionados, expuesta en el famoso capítulo 6 de “La violación de las multitudes” de Serge Tchakhotine sobre simbolismo y propaganda política. Curiosamente, la inspiración de Tchakhotine fue la divisa que el rey de Francia Luis XIV hacía grabar en sus cañones, “ultima ratio regum”, es decir, “la última razón de los reyes”, o sea, persuasión primero y coerción después, es decir, zanahoria y palo (por este orden).


Los dirigentes terroristas vascos, formados en esa tradición, han desarrollado una extraordinaria destreza para utilizar la violencia como soporte de comunicación, particularmente en su engarce sinérgico con la acción política. La persuasión es un concepto más amplio que la propaganda, ya que en la práctica los "argumentos" pueden ser una combinación de amenazas y llamamientos, que incluyen una dosis fuerte de amenaza de coerción física y psíquica. La persuasión manipulativa del líder terrorista incluye el chantaje y la amenaza del ejercicio de la violencia, el secuestro, la tortura y los ataques al patrimonio del elegido como "objetivo."

* Los terroristas leninistas, como ETA, sienten verdadera pasión por el estado y buscan siempre acercarse lo más posible a la situación de un estado totalitario (**), para el cual el ejercicio de la violencia no es un medio para defender a los ciudadanos sino para asegurarse su obediencia.

Por eso utilizan la violencia dentro de esa misma lógica: el verdadero demócrata popular ha de estar de acuerdo con ellos, el auténtico vasco patriota debe apoyarles y el trabajador consciente debe ser miembro de su sindicato. Los que no entren en esas categorías angélicas son o tibios indiferentes -en todo caso, insolidarios- o bien enemigos de clase, opresores del pueblo vasco o fascistas emboscados a los que moralmente se puede y operativamente se debe eliminar en la medida de las posibilidades.

Es comprensible que los del sector de tibios indiferentes procuren hacer, decir y callar de forma que, como mínimo, no se les asimile a los del grupo de asesinables. Esa es la victoria de la pedagogía etarra.



(*) Serge Tchakhotine (Chakotin en otras grafías) fue el teórico de la propaganda de masas más influyente del Komintern en tiempos de Stalin. Sus trabajos han seguido utilizándose, con adaptaciones accesorias, hasta el día de hoy.

(**) La situación de dualidad de poder es un esquema clásico de la lucha revolucionaria, teorizado a fondo por la tradición trotskista, que la concibe como el proceso de implantación de un estado alternativo que busca primero la situación de dualidad de poder y luego, poco a poco hasta crear las condiciones favorables del gran salto, ir acorralando al estado enemigo.