martes, enero 30, 2007

El sueño del hombre de los calcetines blancos


Asesinatos de Diseño (5)

Antes de entrar en las narrativas antagónicas del gobierno español y los que se oponen a la negociación y la paz pactada con los terroristas, es conveniente repasar algunos parámetros de la personalidad de ese caudillo bondadoso que es el señor Zapatero, particularmente de su ambición y sus sueños.


Hay una foto del señor Zapatero en sus tiempos de joven promesa del Partido Socialista español que hubiera inspirado a un director de cine costumbrista italiano: con traje casi negro demasiado ceñido y gafas de sol demasiado obscuras, aplaudiendo con un fervor impostado, el que iba a llegar a jefe de gobierno de España asistía a un acto político al aire libre; estaba de pie, con el cuerpo inclinado hacia delante, como con avidez, con el pantalón, demasiado corto, dejando ver unos calcetines blancos desgarradores, emblemáticos. Tenía el aspecto de un latin lover de guardarropía pero también podría ser (y era) un joven ambicioso y dispuesto a todo para escalar en las laderas del Everest del poder.

No quiero que se piense que subrayo el mal gusto de ese hombre en su juventud para descalificarlo o por ferocidad esteticista; ¿es lícito después de Voltaire escribir sobre ese tema? Ocurre que esa imagen de archivo se me ha quedado grabada, quizá porque la vi cuando ya el señor Zapatero era presidente de gobierno, y siempre que alguien comenta en mi presencia sobre gente ávida o ambiciosos irrefrenados, me vuelve a la memoria; se me ha convertido en un meme (*) definido ex-post…

Me digo también a veces que, a fin de cuentas, si en algo cree el liberalismo es en la ambición del individuo como fuerza motriz de la historia y los logros colectivos de la especie. La ambición del hombre de los calcetines blancos ¿no sería, en sí, una cualidad, como lo ha sido, sin duda, para la mayoría de los grandes estadistas?

Un dato a tener en cuenta es que, según parece, el señor Zapatero nunca ha tenido una actividad profesional fuera del ámbito del partido socialista español.

El PSOE refundado por Felipe González en los años 70, una organización sin apenas vínculos personales e ideológicos con la organización del socialismo en el exilio, se convirtió enseguida en un banderín de enganche de jóvenes ambiciosos, sobre todo a partir de ganar las elecciones legislativas en 1982 y mantenerse en el poder durante trece años, para terminar hundido en un mar de sargazos de escándalos de corrupción. Pero, visto sin pasión, en la España todavía clasista, el carnet del partido socialista fue para muchos la herramienta de ascenso social, lo que tradicionalmente era una buena cuna en esa sociología española de la hidalguía.

* Cuando Felipe González buscó el apoyo del capitalismo liberal de la Costa Este americana en 1977, el partido socialista refundado renunció expresamente al marxismo y, en lo programático, a su promesa de mantener a España fuera de la Alianza Atlántica. Esa misma libertad con sus planteamientos de principios ha sido utilizada por sus adversarios para acusarle de ser una mera maquinaria electoral doblada de una estructura clientelista.

En cualquier caso, a juzgar por las frecuentes y exasperadas pugnas internas por el poder, el partido socialista español no es exactamente una comunidad de idealistas admirable por el desinterés y fervor cívico de sus cuadros intermedios. Es, más bien, un ámbito cerrado, un huis clos sartriano, donde conviven tres corrientes ideológicas, cruzadas por una estratificación de lealtades personalistas, a menudo referidas a feudos territoriales. Una feria de las ambiciones, sólo moderadas por la necesidad de formularlas de acuerdo con un canon ideológico de compromiso personal con el bien de la sociedad, de enmarcarlas en un discurso legitimador altruista que les permite cualquier casuística, cualquier barbaridad.

El señor Zapatero, a partir de las descripciones que hacen quienes han tenido trato directo con él, es un ambicioso trepidante, impulsivo y dado a perseguir espejismos gratificantes. Ese tipo de personalidades, en general, aceleran el presente hasta el paroxismo para no tener que contemplarse en el transcurrir. Sería una forma de eludir ponerse en cuestión o someterse al juicio de su propio sentido crítico. Sorprendidos cuando la vida parece regalarles triunfos con los que saciar –pasajeramente su ansia interna, y que en el fondo de sí no creen merecer, desarrollan una fe en la suerte, la buena estrella, o la fortuna que premia a los audaces y cosas por el estilo.
Algunas actitudes del señor Zapatero en el ejercicio del poder son ingenuas y hasta conmovedoras. Me traen irremediablemente a la memoria el monólogo de Segismundo en La Vida Es Sueño (**). Pero, hay que insistir, no es este el cuadro psicológico óptimo para alguien con obligaciones de estadista en tiempos de crisis.

La ambición obsesiva casi nunca es buena porque ciega a quien la padece. El obseso es cegado por el objeto de su obsesión, sea este un objeto real, tangible, o meramente imaginado, objetivo (perdón por la redundancia) o subjetivo. Los comportamientos compulsivos alimentados por factores inconscientes, como no puede ser de otra manera, tienden siempre a ir más lejos que lo que permitiría suponer el escenario original en el que surgen. La ceguera en el caso de los políticos se produce a menudo por un sentido crítico insuficiente hacia todo lo que favorece su ambición; se ve lo que se quiere ver y se deja de ver lo que contradice la ensoñación.

Y en las rivalidades y contiendas partidarias internas a través de las cuales el señor Zapatero fue subiendo hasta la secretaría general de su partido, contó en cada momento con el apoyo de un sector minoritario pero extremadamente hábil y experto políticamente, pero no precisamente desinteresado: los compañeros que volvieron del frío.

* Los veteranos del Partido Comunista pasados al socialista, apostaron por el señor Zapatero y le ayudaron a desbancar dentro del partido los socialdemócratas, la generación que hizo la transición española, básicamente formada en la veneración de la socialdemocracia escandinava y apadrinada en sus comienzos por Olof Palme y Willi Brandt.

No hay que entender sin embargo que el señor Zapatero sea un ingenuo. Si su discurso, que podría pasar por el del dirigente de una ONG caritativa, se correspondiera realmente con su personalidad, es poco probable que hubiera llegado a secretario general de una organización como el partido de los socialistas españoles, que responde, como las de sus correligionarios franceses e italianos, a lo que el Mao Tzedong de la Revolución Cultural llamó feudalismo burocrático.




[*]Meme es un término inventado por Richard Dawkins y que podría definirse como una unidad de información cultural transferible de una persona a otra. Ejemplos de memes serían las frases hechas que se popularizan, los eslógans felices, las modas etc. Para mí esa foto se convirtió en el meme simbólico de la ambición de los escaladores.

[**]¡Válgame el cielo, qué veo!
¡Válgame el cielo, qué miro!
Con poco espanto lo admiro,
con mucha duda lo creo.
¿Yo en palacios suntuosos?
¿Yo entre telas y brocados?
¿Yo cercado de criados
tan lucidos y briosos?
¿Yo despertar de dormir
en lecho tan excelente?
¿Yo en medio de tanta gente
que me sirva de vestir?
Decir que sueño es engaño;
bien sé que despierto estoy.
¿Yo Segismundo no soy?
Dadme, cielos, desengaño.
Decidme: ¿qué pudo ser
esto que a mi fantasía
sucedió mientras dormía,
que aquí me he llegado a ver?
Pero sea lo que fuere,
¿quién me mete en discurrir?
Dejarme quiero servir,
y venga lo que viniere.

domingo, enero 28, 2007

Carácter y magisterio de ETA

Asesinatos de Diseño (4)

Para evaluar las posibilidades de los líderes terroristas de ganarle la partida a un actor de las características del gobierno del señor Zapatero en la negociación, es preciso analizar el triunfo de ETA frente a sus adversarios locales y (casi todos) sus enemigos externos.

Y para entender lo que ha permitido a ETA sobrevivir y afianzar su dominio sobre la sociedad vasca es importante desconstruir las dos imágenes más comunes que se tienen de esa organización: la de un grupo de asesinos obtusos que matan como mera expresión de odios irracionales, y la del grupo de antiguos idealistas armados medio románticos reconvertidos a una mafia criminal para la que lo político es un mero discurso legitimador.

Se ha afirmado, incluso por gente familiarizada con la realidad vasca, que los líderes de ETA serían los herederos de los caciques carlistas del siglo XIX, personas de cierta inteligencia y poca cultura que, a partir de un eficiente sistema de reclutamiento de carne de cañón, habrían construido una máquina casi perfecta de matar. Su materia prima serían los jóvenes, generalmente de medio rural e ínfimo nivel sociocultural, a los que adoctrinan y ponen un arma en la mano con un discurso etnicista y colectivista. En la visión de los que piensan así, la estrategia de los líderes de ETA se limitaría a mantener la maquinaria de asesinar en marcha y esperar a que un día u otro las elites locales y el gobierno español accedan a sus exigencias a cambio de desenchufarla.

Otra escuela, que ha tenido un crecimiento notable en los últimos años, ve en ETA una estructura meramente mafiosa, que quizá en otro tiempo tuviera unas motivaciones políticas pero que hoy es una organización criminal que utiliza el discurso político como argumento para reclutar incautos y aliviar las conciencias de quienes, por miedo, incultura o estupidez, colaboran con ellos.

* Yo pienso que ambas explicaciones son reduccionistas por cinco razones de peso.

  • Primero, porque en torno a la actividad terrorista de ETA y en sinergia con ella, los líderes de la organización han logrado articular un movimiento de contornos vagos que, en una u otra forma, encuadra a un sector apreciable de la población vasca, en torno a un 10 por 100, cifra que puede ser considerablemente superior en según qué zonas.

  • En segundo lugar, la cúpula terrorista ha sido siempre cosmopolita, cultivando a lo largo de su historia una tupida red de contactos internacionales que la encuadran en el ámbito de los movimientos revolucionarios tercermundistas y en los antisistema del primer mundo, incluyendo su participación en conflictos guerrilleros externos.

  • En tercer lugar, la organización ha tenido una producción teórica que, por mucho que no sea de un nivel intelectual deslumbrante, sí es internamente coherente y se ha revelado eficaz en cada momento para sustentar los objetivos tácticos de la organización.

  • En cuarto lugar, los responsables de la dirección civil de ETA han demostrado una impresionante capacidad para obtener y administrar beneficios políticos de la actividad terrorista, articulando cuotas de poder e influencia desmesuradas, sin relación con su “capacidad militar.”
  • Por fin, un dato trascendental y que no recibe la atención debida –al menos en el debate público- es que los sectores próximos a ETA han llegado a alcanzar una hegemonía indiscutible en la esfera cultural vasca, incluyendo en primer lugar el sistema educativo, pero impregnando por capilaridad todos los marcos referenciales del discurso colectivo y la sociedad civil.
Empleo aquí los términos cultural y hegemonía en la acepción de Gramsci.

* Invariablemente, los dirigentes de ETA han utilizado el asesinato con un objetivo más allá del exterminio físico de un adversario. De hecho, casi siempre han elegido a sus víctimas no por su calidad de enemigos suyos sino por ser, en una u otra forma, asimilables simbólicamente al enemigo: del cocinero en un cuartel al director financiero de un grupo editorial al que querían “mandar un aviso,” pasando por un catedrático constitucionalista.

En lo inmediato, los asesinatos decretados por los líderes del terrorismo vasco son diseñados con un fin didáctico y han buscado siempre un triple objetivo:
  • aumentar el miedo ambiental en el conjunto de la sociedad,
  • pasivizar y neutralizar a grupos o estamentos concretos que pudieran oponerse a sus designios
  • y cimentar en sus propios seguidores y militantes la conciencia de la rentabilidad del asesinato como herramienta política.

En un plano más sutil, cada asesinato decretado por los líderes es para sus fieles un desencadenante catártico, sobre el que deben pronunciarse y “asumir” como propio, en una especie de unión sacramental que genera un vínculo muy similar al de de ciertas sectas religiosas a lo largo de la historia.

Los partidarios de la identificación de ETA con una organización predominantemente criminal aducen que también la Mafia, a veces, ordena asesinatos didácticos, de escarmiento o de amenaza hacia un colectivo de gentes de quienes buscan una actitud favorable por activa o por pasiva para sus intereses.

Pero los mafiosos nunca han creado un departamento de agitación y propaganda para justificar sus asesinatos ni han dedicado ingentes esfuerzos para controlar el sistema educativo siciliano o construir un movimiento de masas.

Por eso, aunque pueda compartir una serie de rasgos con las organizaciones mafiosas, ETA no es esencialmente una organización mafiosa. El asesinato de diseño, como mensaje que envían al mundo, es para ellos una herramienta al servicio de un proyecto político, parte de su comunicación simbólica y herramienta de su “creación de conciencia.”

Brutal e inhumano, sin duda, el asesinato es para los líderes de ETA un recurso discursivo, retórico, como vamos a ver a continuación.

* Uno de los mayores triunfos de la estrategia de los líderes de ETA fue resultado de su decisión de asesinar a un exministro socialista, paradigma de la corrección política, que se declaraba abiertamente partidario de dialogar con ellos. Lo mandaron matar para demostrar, más allá de toda duda, que eran capaces de aplicar el principio de crueldad infinita, que si hacían matar a esa persona, partidaria de negociar con ellos y hacerles concesiones, ¿quién podía considerarse a salvo de sus verdugos? Lo asesinaron, en resumidas cuentas, no porque tuvieran nada personal en su contra, sino por mostrar, a propios y extraños, particularmente a los sectores progresistas, hasta dónde estaban dispuestos a llegar y que nadie tenía bula. Curiosamente –o quizá no tanto- la familia del asesinado no dudó en manifestarse exigiendo la negociación con la organización terrorista, el sacralizado diálogo. Probablemente nunca llegasen a plantearse hasta qué punto el asesinato de su familiar era una aportación retórica de los aristócratas de la muerte a su debate-logomaquia-diálogo frente al mundo, su negación de lo temporal para reivindicar lo inmanente, el quedarse dentro de un mismo dominio espacial simbólico frente a la historia. Los familiares del sacrificado aceptaron la versión de los terroristas de que había muerto por culpa del gobierno (que no daba a los asesinos lo que querían) y al reaccionar así dieron a los líderes terroristas una preciosa confirmación de la eficacia de su utilización del asesinato simbólico como herramienta de lenguaje y arma política.

Donde el pathos revolucionario creado por ETA se acerca más al territorio de las sectas religiosas es en la reacción de los partidarios de ETA hacia esos crímenes didácticos, ante el asesinato de diseño. Algunos seguidores de ETA, brindan demostrativamente con champagne para festejar un coche bomba, o celebran los asesinatos con juergas y comilonas seguidas de bailes supuestamente ancestrales.

Comulgan con la sangre de las víctimas, participando en una coreografía que está más cerca de los cuchillos de obsidiana de los sacerdotes aztecas que de los razonamientos de Marx y la reflexión de Lenin sobre la vanguardia de revolucionarios profesionales destinados a guiar al pueblo hacia el nirvana del hombre nuevo y el a cada quién según sus necesidades, etc.

La fórmula retórica de los dirigentes terroristas vascos es siempre sacramental. Ellos son los sumos sacerdotes y sacrifican a la víctima ante su pueblo que se embadurnará con la sangre. Pero, aunque el discurso sólo sea totalmente eficaz para con su parroquia, eso no quiere decir que se dirija sólo a ella; al revés, contiene elementos muy interesantes dirigidos al mundo exterior, hacia la población vasca que no comulga con sus ruedas de molino, hacia la izquierda española y hacia las elites europeas. Su comunicación es la más compleja técnicamente de las presentes en el marco del conflicto terrorista, concebida dentro de la lógica político-militar más depurada, y articulada con gran destreza, con una gama amplia de actuaciones de violencia simbólica, desde la del tipo intifada palestina al atentado masivo, pasando por el asesinato de diseño.

* La tradición comunista de la persuasión se basa en la psicología conductista y en una aplicación descarnada de los estudios de Ivan Pavlov sobre los reflejos condicionados, expuesta en el famoso capítulo 6 de “La violación de las multitudes” de Serge Tchakhotine sobre simbolismo y propaganda política. Curiosamente, la inspiración de Tchakhotine fue la divisa que el rey de Francia Luis XIV hacía grabar en sus cañones, “ultima ratio regum”, es decir, “la última razón de los reyes”, o sea, persuasión primero y coerción después, es decir, zanahoria y palo (por este orden).


Los dirigentes terroristas vascos, formados en esa tradición, han desarrollado una extraordinaria destreza para utilizar la violencia como soporte de comunicación, particularmente en su engarce sinérgico con la acción política. La persuasión es un concepto más amplio que la propaganda, ya que en la práctica los "argumentos" pueden ser una combinación de amenazas y llamamientos, que incluyen una dosis fuerte de amenaza de coerción física y psíquica. La persuasión manipulativa del líder terrorista incluye el chantaje y la amenaza del ejercicio de la violencia, el secuestro, la tortura y los ataques al patrimonio del elegido como "objetivo."

* Los terroristas leninistas, como ETA, sienten verdadera pasión por el estado y buscan siempre acercarse lo más posible a la situación de un estado totalitario (**), para el cual el ejercicio de la violencia no es un medio para defender a los ciudadanos sino para asegurarse su obediencia.

Por eso utilizan la violencia dentro de esa misma lógica: el verdadero demócrata popular ha de estar de acuerdo con ellos, el auténtico vasco patriota debe apoyarles y el trabajador consciente debe ser miembro de su sindicato. Los que no entren en esas categorías angélicas son o tibios indiferentes -en todo caso, insolidarios- o bien enemigos de clase, opresores del pueblo vasco o fascistas emboscados a los que moralmente se puede y operativamente se debe eliminar en la medida de las posibilidades.

Es comprensible que los del sector de tibios indiferentes procuren hacer, decir y callar de forma que, como mínimo, no se les asimile a los del grupo de asesinables. Esa es la victoria de la pedagogía etarra.



(*) Serge Tchakhotine (Chakotin en otras grafías) fue el teórico de la propaganda de masas más influyente del Komintern en tiempos de Stalin. Sus trabajos han seguido utilizándose, con adaptaciones accesorias, hasta el día de hoy.

(**) La situación de dualidad de poder es un esquema clásico de la lucha revolucionaria, teorizado a fondo por la tradición trotskista, que la concibe como el proceso de implantación de un estado alternativo que busca primero la situación de dualidad de poder y luego, poco a poco hasta crear las condiciones favorables del gran salto, ir acorralando al estado enemigo.

sábado, enero 27, 2007

Papelinas de utopía, sueño de mediocridad

En España, a la revuelta contra la miseria ha seguido sin solución de continuidad la lucha por la mediocridad . El triunfo de lo mediocre, del mínimo común denominador, es parte esencial del modelo de estado feudal burocrático típico de la Europa meridional.

Y digo esencial porque es el cemento, que mantiene unidas las partes, diferenciando, por ejemplo, al conjunto de los nacionalismos periféricos españoles de un mero enjambre de reinos de taifas y a sus dirigentes de bandas sicilianas en eterna pelea territorial.

Lo obtuso del nacionalismo vasco puede competir con la insignificancia intelectual del catalán y el bizantinismo artificial del gallego, pero es en su mediocridad común donde los tres nacionalismos liliput devienen proyecto político unitario de unas elites incapaces de otra legitimidad que no sea su aldeanismo insigne. Es la mediocridad y el instinto de rentistas lo que da una unidad a sus proyectos.

Para que las elites aldeanas sigan en el poder es imprescindible que los ciudadanos sean aún más mediocres que los dirigentes, para que estos puedan manipularles a mansalva. Por eso, en la rancia tradición de los totalitarismos, los caciques nacionalistas dedican primero gran parte de sus energías a controlar los sistemas educativos, para dar continuidad en el tiempo a su hegemonía. En segundo lugar, los líderes nacionalistas generan narrativas cuya falsedad ha de ser dinámica para hacer frente a las urgencias del cotidiano en la era de Internet, falsedad que se justifica intramuros por el superior interés patriótico: mentimos, sí; mentimos continuamente, cierto; pero es por el bien de nuestro cortijo, digo, de nuestra patria.

El modelo social de los caciques españoles de esas artificiosas naciones sin estado es, en el fondo, el mismo que produjo estados fallidos como Honduras o Nicaragua, creaciones a medida de las pequeñas oligarquías locales, o Panamá como contenedor de una magna obra de ingeniería: el patriotismo funcionalista sirve para garantizar a una cuadrilla de notables pueblerinos un coto privado de caza de dinero público y un ejercicio monopolístico del poder que no podrían tener si hubieran de competir en un mundo abierto, globalizado. En realidad pienso que los oligarcas centroamericanos que se fabricaron sus paisitos hace va para dos siglos y los caciques catalanes, vascos, etc. de hoy son frutos enfermizos de un mismo modelo cultural que llegó tarde y mal a la modernidad.

La forma en que se ha articulado el encuentro histórico de los caciques patrióticos y los supuestos revolucionarios utópicos es un buen tema para la reflexión histórica. En España como en América, pero también en otros contextos culturales los fondos de comercio demagógico de los enemigos del liberalismo se fusionan con lógica de cartel: en la Alemania volkish, entre los paneslavos de cerebro reblandecido, en el Japón del primer tercio del siglo XX o el Edén burocrático en decadencia de la Francia de Chirac.

Cartel aquí es polisémico, pero lo utilizo en el sentido clásico de la ciencia económica: actores que en vez de competir se ponen de acuerdo para impedir la libertad de la gente para elegir.

Antes de volver sobre la mediocridad, esa clave de bóveda del modelo burocrático postmoderno, vamos a dedicar un momento a las utopías.

¿Qué es una utopía, a fin de cuentas? Es el proyecto que no sabe dejar de serlo. La extrapolación del hoy si no fuera como es y nosotros fuéramos de otra manera y de las fuentes manara miel, las abejas no tuvieran aguijón y las rosas espinas. También es la zanahoria atada a un palo que pende delante del eterno burro que atiende por Pueblo y que cabalgan los eternos vendedores de sueños; o el hachís de los sucesivos Viejos de la Montaña; o el aguardiente saltaparapetos; o el libro sagrado del jihadista; o la promesa de que la pensión del jubilado mantendrá su valor o de que Cataluña es lo que los catalanistas dicen que es o Euskadi lo que pretenden asesinos, mafiosos y mitómanos colectivistas. Ungüento de serpiente, invocación de curandero, promesa de mañanas radiantes comprados a plazos de asesinatos, acosos y vilezas. La utopía es, en su plenitud, la mentira que busca el tiempo circular, cóncavo.

El eslabón perdido que une al nacionalista volkish y al socialista utópico es que ambos venden afirmaciones que cualquier contraste serio con la realidad muestra que son falsas, o sea, mentiras, pero que se las arreglan para convertirlas en inverificables para la inmensa mayoría de la población. Digo que la utopía busca el tiempo circular porque el nacionalista miente sobre el pasado y el socialista sobre el futuro; el nacionalsocialismo cierra el círculo cósmico de la mentira. Es un tiempo cóncavo porque evoca la caverna de Platón, el mundo autocontenido y cerrado, controlado por castas aristocráticas locales sin competencia externa.

Allá va un ejemplo: un triste embaucador habla de un pueblo vasco que hunde sus raíces en la prehistoria para alabar el narcisismo de una población mantenida, a sangre fría, en la ignorancia o –por ser más finos- en la incultura; adula a ese narcisismo para obtener unos votos que le permitan mantener en pie un edificio de clientelismo y mafiosità. Un día topa con un colega suyo que vende anticapitalismo, antiglobalización, antisistema y anda diciendo que otro mundo es posible siempre que le dejen a él preocuparse de diseñarlo y dirigir la marcha del burro Pueblo hacia un valle donde las zanahorias crecen de los alcornoques.

Ambos embaucadores firman un pacto para repartirse el poder de aquí a la eternidad formando lo que Antonio Gramsci llamaba Bloque Histórico, Stalin la resolución del problema de las nacionalidades, Mao Tzedong un programa democrático de frente patriótico, Thurman Arnold, un cartel y yo una asociación para delinquir. Como decía antes, la lógica del nacionalsocialismo es el cartel, o sea, la asociación de una serie de productores o vendedores (de ideas, de mitos…) que se ponen de acuerdo para adquirir una posición de dominio monopólico de facto de un mercado de productos o de ideas o de ambos.

En el fondo, de lo que se trata es de diversificar la oferta de mentiras placenteras:

  • uno vende papelinas de pasado adulterado con mitos,
  • el otro propone jeringuillas cargadas con dictadura del proletariado o angélicas solidaridades inconcretas.

Heroína y cocaína, anfetaminas y barbitúricos. Socialismo y nacionalismo.

Aristócratas y escaladores

Asesinatos de Diseño (3)

(Nota: este trabajo ha sido escrito antes del atentado del 30 de diciembre en Barajas)


El modelo que a mi entender mejor conviene a la realidad de los actores de la negociación entre el señor Zapatero y los dirigentes terroristas es el de Aristócratas y Escaladores, diseñado, a partir del descrédito del paradigma marxista, por el americano Michael Shapiro y refinado elegantemente por Pekka Korhonen, un brillante politólogo finlandés.

Shapiro ve el devenir de las sociedades como la pugna permanente entre el grupo social ascendente, los escaladores (climbers) que quieren convertirse en aristócratas y de estos por impedírselo. Es un esquema sugerente y explicativo, por ejemplo para los extraños movimientos que están teniendo lugar últimamente en la izquierda política europea y latinoamericana. El escalador –y sobre todo sus hijos- pueden finalmente terminar por convertirse en aristócratas o, cuando menos asimilarse a esa casta en la praxis social.

En el lenguaje diario, aristócrata no se asocia con terrorista. Sugiere más bien familia de alcurnia con montones de pergaminos heredados y, en el imaginario burgués, cierta decadencia plácida y gatoparda. Pero en términos de dialéctica histórica el concepto puede servir para designar una realidad polivalente, más relacional y dinámica, como por ejemplo la de los líderes terroristas vascos y el grupo social que se reconoce en el señor Zapatero.

Desde el punto vista de Shapiro y Kerhonen, una aristocracia surge cuando un estamento o una casta accede a una situación hegemónica de poder y riqueza comparativa durante un tiempo suficiente para que tal estado de cosas empiece a parecer natural, parte de la estructura inherente del mundo real. Por ejemplo, hasta la implosión del sistema comunista las nomenklaturas de los países bajo dominio soviético fueron un estamento claramente aristocrático.

El modelo es tan inquietante como eficaz para describir el comportamiento de las elites sociales. Se puede, por supuesto, argüir que un esquema tan simple puede aplicarse no sólo a la negociación entre ETA y el gobierno español, sino a cualquier situación de antagonismo histórico, pero que no describe suficientemente la complejidad de la infinita gama de situaciones sociales intermedias. Sin embargo, también es cierto que los grupos secundarios a la contradicción principal –por ejemplo, en el caso de la negociación sobre el futuro del País Vasco, el sector representado por el PNV o el PSE- son, a la vez, escaladores y aristocráticos, escenario clásico en las estructuras burocráticas, tanto en contextos democráticos como totalitarios, que por una parte defienden los aspectos del statu-quo que les son favorables (carácter aristocrático) y por otro maniobran, en el espacio que les dejan los negociadores principales, para obtener un nuevo marco de referencia que les garantice el disfrute sensual del poder y los privilegios (carácter escalador).

* En torno a la mesa de negociación que, en teoría, debería poner fin al terrorismo milenarista vasco, la partida se juega entre los aristócratas de la muerte que son los dirigentes de ETA y una cuadrilla de políticos profesionales de la joven democracia española, capitaneados por el señor Zapatero, escaladores sociales natos. La diferencia es que los líderes terroristas juegan al ajedrez (sin reloj) y Zapatero y sus socios al parchís, los unos estudiando sin descanso y metódicamente las partidas de los grandes maestros, desde Sun-Tzu a Nguyen Giap, y los otros confiando en que les sean favorables el dado y el cubilete.

* Para el escalador social, el tiempo es la dimensión crucial y su deidad la suerte. Su objetivo existencial puede medirse en tiempo necesario en el poder para asegurarse el acceso a la riqueza o, al menos, al desahogo económico, para entrar y ser aceptado en el círculo de poder del Old Money y sacar los pies de las arenas movedizas de la mediocridad. Sus virtudes son el empuje, el realismo y la astucia (calidades que, por supuesto, pueden formularse también en forma negativa: agresividad, oportunismo e hipocresía). Los políticos profesionales que se reconocen en el señor Zapatero viven lo político como medio de vida y campo de desarrollo personal, una especie de carrera de obstáculos hacia una meta siempre presente y siempre móvil. La metáfora de sus vidas es la carrera contra el reloj; su ciclo vital y de actuación tiene por mojones las citas electorales, verdaderos hitos zodiacales.

* Para el aristócrata de la muerte, en cambio, el tiempo es algo irrelevante existencialmente hablando. Al aristócrata de Shapiro el espacio le importa mucho más que el tiempo. Su fijación es controlar, poseer, sin cortapisas, el espacio, un territorio donde su voluntad sea, literalmente, la ley y donde el sueño más monstruoso que pueda producir su razón sea acatado como canon lógico y estético. Los aristocráticos dirigentes etarras viven en un ámbito temporal circular, supeditando lo individual a la meta utópica final, vagamente descrita por sus clásicos, o, más sutilmente, sacrificando al sendero (luminoso, por supuesto) que conduce a la Itaca imposible pero no impensable.

* Para el escalador la muerte es el fin de su sueño, pero para el dirigente terrorista es una herramienta de trabajo primordial, un medio para alcanzar el fin utópico que trasciende a la existencia física personal del revolucionario. Es preciso recordar también que el arma definitiva del líder terrorista no es tanto la muerte en sí sino la disposición a utilizarla a discreción, la negación que hace del tabú más básico de las sociedades en paz. Dice bien Pekka Kerhonen que la aristocracia cristaliza como casta o estamento político en situaciones estáticas (noción que implica, más allá de toda valoración, una estabilidad) y que sus miembros no van nunca a ver razones para cambiar cualitativamente la lógica que rige su mundo y que hace el hoy similar al ayer y el mañana al hoy. Y nada es más estático y definitorio de una era, de un mundo en sentido temporal (como cuando decimos “el mundo del Renacimiento” o “el mundo del vanguardismo soviético”), que el significado que se le da a la muerte.

* Herederos del darwinismo social del siglo XIX, los dirigentes de ETA ven la vida de sus semejantes como moneda de cambio en la mesa de negociación y mandar asesinar a este o aquél no es el capricho del autócrata sino el resultado de aplicar una función costo/beneficio bien definida.

En resumen, los líderes terroristas ejercen un poder extraordinario sobre la sociedad vasca desde hace ya tanto tiempo que son una verdadera aristocracia, ante la cual se inclinan (y pagan tributo) las demás elites. Como los sultanes otomanos, siempre llevan al verdugo, verdadera fuente de su poder, a dos pasos por detrás, por si fueran necesarios sus servicios, pero aún más como signo externo de majestad. La cuestión de su legitimación, ante sí mismos y ante los demás, es menos evidente.

Un último apunte para cualificar el concepto nada etimológico de aristocracia que utilizamos aquí.

* La(s) aristocracia(s) se basa(n) en el mantenimiento de diferencias sociales, étnicas, religiosas, y hasta lingüísticas (Kerkhonen) Yo añadiría que la condición necesaria para la supervivencia de una casta aristocrática es que haya podido poner en funcionamiento un sistema eficaz de autoreproducción, generalmente por cooptación.

Los nacionalismos étnicos y los movimientos xenófobos, siempre muy aristocratizantes, suelen tener mecanismos bien articulados para definir el “nosotros”, el “ellos” y la zona transicional, así como un marco normativo más o menos explícito para el acceso de nuevos miembros. Del mismo modo, en los sistemas totalitarios y los dictatoriales siempre existe un “sistema subyacente” que codifica la verdadera regla del juego para el ascenso social.

viernes, enero 26, 2007

Asimetrías

Asesinatos de Diseño (2)

Con la negociación de los líderes de ETA con el señor Zapatero como telón de fondo, se impone una reflexión en profundidad sobre la enorme asimetría de los interlocutores, independientemente de toda consideración moral o ética y de las reservas que uno pueda tener sobre sus legitimidades respectivas.

Más que de hombre de estado, el señor Zapatero me proyecta la imagen del representante corporativo de una casta de profesionales de la política no demasiado cultos , carentes de tradición democrática, obsesionados por sus intereses inmediatos y poco o nada dispuestos a embarcarse en proyectos que se midan en décadas.

Es muy probable que el condicionante de fondo de esta negociación, y a la vez lo que la singulariza, sea la gran asimetría de sus actores, empezando por sus enfoques del hecho negociador, que esbozaba en el artículo anterior. Ahora quisiera aproximarme a sus intereses existenciales y condicionamientos culturales. Me temo que los dirigentes terroristas conocen y entienden mucho mejor al señor Zapatero que él a ellos.

El jefe del gobierno español afronta la negociación con esos subvertidores profesionales con un bagaje intelectual bastante modesto: un Habermas de prontuario, una ideología antisistema anacrónica y el diálogo como panacea, casi en clave sindical europea de los años 70, de eterna partición de la pera en dos. Es el fast-food político y el microondas intelectual frente a los dirigentes de ETA, profesionales del terror que han tenido, como Fidel Castro, diez lustros para refinar su particular saber hacer.
Da la impresión de que la vida profesional del presidente Zapatero ha estado orientada a ganar el sustento de su familia con la actividad política y a sobrenadar en las intrigas internas de su partido. No debe sorprender por tanto que lo mejor de su esfuerzo intelectual no haya ido a concebir vastos proyectos de gobierno sino a urdir, entre bastidores, acuerdos opacos para conciliar avideces personales y disputas de clan, la miseria inevitable (¿necesaria?) de la política democrática en tiempo de paz. El suyo es un recorrido que puede resultar hasta meritorio para quienes creen que la mejor metáfora de la política es una cadena de montaje taylorista dedicada a producir mínimos denominadores comunes entre posturas divergentes y compromisos entre ambiciones enfrentadas. Pero no estoy seguro que esa experiencia vital sea suficiente para gobernar un país de 44 millones de habitantes, y no digamos ya para negociar con los administradores del terror en el País Vasco.

* Los líderes terroristas tienen un nivel cultural alto. Han convertido en un arte la generación y modulación de la violencia física y psíquica. Sobre todo, se consideran, se saben, en guerra (por la inmejorable razón de que la han declarado ellos) y ante ese hecho fundacional, el señor Zapatero no tiene discurso.

La ilusión posmoderna de que todo conflicto es evitable mediante el diálogo y un reparto más equitativo del botín fiscal es de una eficacia problemática con esa gente. De partida, porque ese esquema requiere que exista entre los contrincantes una base muy amplia y sólida de consenso sobre cual es el carácter y el objeto del conflicto.

* En contraste con los líderes de ETA, el presidente español y sus amigos no ven el conflicto vasco como una guerra, sino como una anomalía, el fruto de una especie de enorme y trágico malentendido. Lo perciben como un absurdo obstáculo para el gozo sensual del poder, consecuencia de la cerrazón al diálogo del gobierno anterior y la dinámica de fanatismos enfrentados de gente truculenta que no sabe vivir "con buen rollito". Piensan los amigos del señor Zapatero, la mayoría honestamente, que, a fin de cuentas, los líderes terroristas no tienen razones de interés personal para seguir manteniendo la actividad terrorista y que, al final del día, para que dejen de asesinar basta hablar con ellos suficiente tiempo, con comprensión y frases mágicas –paz, solidaridad, diálogo, respeto, multiculturalismo, etc.- unidas a darles la bienvenida al reparto del poder sin sobresaltos.

Desde el propio postmodernismo, con una buena dosis de displicencia, se puede calificar a la organización ETA de mero zombi de la guerra fría y deducir que sus dirigentes no pueden aspirar a hacer la revolución y convertir al País Vasco en el faro de una nueva utopía europea. A partir de ahí, si conviene a la línea argumental del que habla, cabe dar por sentado que a los líderes del terrorismo vasco sólo les queda una opción razonable: llegar a un acuerdo que les permita "una salida digna con el gobierno del señor Zapatero." Y, tras el armisticio, por supuesto, desistir de lo que sus adversarios llaman terrorismo y ellos lucha armada e incorporarse a la casta de políticos profesionales… y dedicar sus esfuerzos a mejorar las pensiones de los jubilados en lugar de a diseñar y ordenar asesinatos.
Nada impide a un caníbal volverse vegetariano si se le trata con dulzura, parece decir el señor Zapatero con su Habermas de solapa de libro.
* Con un punto de tremendismo, a ese optimismo hiperbondadoso se le puede oponer el número de fábulas de la lechera pacifista que han terminado en hornos crematorios. Pero es más positivo analizar las narrativas ideológicas respectivas de ETA y el señor Zapatero, sin olvidar los condicionantes externos tanto del gobierno español como de los líderes terroristas a la hora de ponerse de acuerdo sobre el futuro.

No hay que ser Carl von Clausewitz para entender que los conflictos bélicos, o sea, aquellos cuyo referente central es la eliminación física del adversario, sólo terminan sin ambigüedad mediante la victoria militar de uno de los participantes. Un final negociado implica un ámbito de imprecisión y, finalmente, como apuntaba antes, una negociación sólo puede desembocar en un acuerdo estable cuando confluyen las narrativas en presencia.

Además, cuando uno de de los contendientes, como en el caso vasco, es una organización terrorista, la comunicación se convierte en la dimensión principal de la externalización del conflicto, lo cual otorga una primacía especial a la retórica como arma. En el caso de España y el terrorismo vasco, es evidente la hegemonía de lo retórico, la cual a menudo enmascara la paradójica relación de asimetría y, al tiempo, de complementariedad objetiva entre las partes en torno a esa mesa de negociación.

Si se puede hablar de victoria de los terroristas en España, creo que es, sobre todo, porque han logrado imponer desde hace ya bastantes años su retórica a la sociedad vasca, particularmente la sinécdoque sistemática, y un discurso público que es esencialmente el eufemismo que no cesa, multiforme, autoalimentado, hecho de miradas esquivas, cuando no obstinadamente clavadas en ese espacio de vergüenza de la punta de los propios pies cuando da miedo mirar ante sí.

ETA y José Luís Rodríguez Zapatero

Asesinatos de Diseño (1)

Reflexión desde París


Jean Monet, gran estadista y padre de la Unión Europea, era de Cognac. Allí tenía la bodega familiar que producía un excelente cognac y se recuerda aún su alegoría política: "Lo mejor de hacer cognac es que, por encima de todo, te enseña a esperar".

El buen cognac presupone materia prima muy específica, una tremenda competencia profesional, paciencia sobrehumana e inteligencia para elaborar un plan minucioso a largo plazo y la fortaleza de carácter para el esfuerzo sostenido a lo largo de muchos años para llevarlo a cabo sin desviar la vista de los objetivos marcados.

Tras varios meses estudiando la actividad del actual gobierno español, estoy tan seguro de que sus miembros nunca podrían elaborar un cognac decente como de la improbabilidad de que hagan un papel digno en la negociación en que se han enzarzado con los dirigentes de ETA. La mayoría de ellos son muy impacientes y confunden la improvisación con la capacidad de reacción; con sus mentes-microondas, el presidente de gobierno y sus ministros se muestran prisioneros del instante y de la gratificación inmediata. Les falta, así pues un componente imprescindible para la gente que hace historia de forma consciente, la paciencia. Los políticos que pacientes pueden aspirar a una vivencia del tiempo en perspectiva histórica y convertirse en estadistas.

Incluso quienes le aprecian reconocen que el señor Rodríguez Zapatero manifiesta en todo lo que aborda una gran impaciencia, una urgencia casi adolescente por conseguir resultados rápidos y susceptibles de incrementar, así sea unas décimas, su capital de popularidad, debilidad que, dicen, llega a dominarle.

Aunque sea comprensible, y hasta aceptable, la adicción de un político democrático a los sondeos, incluso que viva obsesionado por su imagen, esas debilidades son rasgos de carácter desalentadores en un estadista porque le inhabilitan para emprender tareas de envergadura.

La impaciencia y la prisa serían defectos menores si su misión se limitase a una plácida singladura gubernamental dedicada a la gestión, pero para negociar con los avezados líderes de ETA, la organización terrorista más experimentada de Europa, son lastres fatídicos. Frente a los líderes de ETA, me temo que sea un contrincante mediocre en lo analítico y torpe en lo operativo.

Esas insuficiencias de la personalidad del señor Zapatero me sugieren que vive, como tantas cosas en España, con un ciclo histórico de retraso frente a su contemporaneidad. Ese hombre parece anclado en la calma relativa del fin de la guerra fría, cuando Francis Fukuyama soñaba por las esquinas con el fin de la historia como drama. La patología histórica de España, aparte de su tradicional frustración a la hora de consolidar la legitimidad del estado, es su frecuente falta de sintonía con la contemporaneidad, con el devenir global.

La ETA de hoy, con la que tiene que negociar el señor Zapatero, es si duda un producto de la guerra fría, un arma de guerra programada desde los primeros años 80 para desestabilizar el flanco suroccidental de la OTAN. Al monstruo se le murieron sus doctores Frankestein pero siguió respondiendo al chip que le habían implantado en el cerebro, sin más norte que el movimiento continuo, el seguir siendo.

* Los dirigentes del terrorismo vasco no son en absoluto estúpidos, más bien todo lo contrario, y mucho menos torpes. Dudo incluso que los que de verdad mandan ahí dentro sean realmente fanáticos. Tienen en su haber medio siglo de planificar fríamente asesinatos de diseño y su gran logro es haber logrado enraizar el miedo ambiental en la sociedad vasca. No es exagerado decir que son capaces de condicionar todas las formas de actuación social en el País Vasco.

Me permito llamar la atención sobre tres rasgos definitorios de esas personas y su forma de actuación.

•Primero, que han sabido mantener un grado de decisión colegiada insólito en la izquierda revolucionaria, la cual, por naturaleza, siempre tiende al culto a la personalidad y a la dictadura autocrática.

•Segundo, que han desarrollado, como es lógico con una trayectoria revolucionaria tan prolongada, modos de hacer probados, rituales compartidos y mitologías eficaces.

•Por fin, que cincuenta años de clandestinidad han conformado su psique colectiva con un sesgo funcionalista extremo: junto a la minuciosidad burocrática, lo más distintivo de ese intelecto colectivo es la frialdad de su cálculo táctico, la amoralidad estratégica y una tendencia enfermiza a la programación milimétrica. Elementos devastadores cuando van unidos a una demostrada capacidad organizativa y un virtuosismo notable para la manipulación de las debilidades ajenas.

* El señor Zapatero galopa sobre el tiempo mientras los líderes de ETA se miran en él con querencia de eternidad, de movimiento continuo y autojustificativo.

Otra diferencia esencial entre ambos interlocutores tiene que ver con su origen y cómo han llegado a ser lo que son; el señor Zapatero es un producto de la España democrática, con sus pequeñas grandezas y sus múltiples insuficiencias, mientras que los líderes de ETA son criaturas del Mayo 68, recuperados hace mucho tiempo por los regímenes del socialismo real que los formaron y financiaron.

La innegable competencia profesional de los jefes del terrorismo vasco para cimentar su poder e influencia social se basa en su destreza para dosificar la muerte hasta hacer creíble la amenaza omnipresente. Ese virtuosismo homicida y represor no es producto de la casualidad o del mero desarrollo empírico, aleatorio: se apoya en una elaboración teórica concienzuda a partir de un modelo no por obsoleto menos coherente: el de la guerra popular prolongada del maoísmo: la paciencia como arma definitiva.

A fin de cuentas, son nietos de Lenin y no tienen elecciones cada cuatro años. Conviene recordar aquí también que detrás del equipo de gobierno del señor Zapatero –e impulsando la negociación con los terroristas- hay también bastantes comunistas reconvertidos, náufragos del PC español que comparten mucho del lenguaje y los referentes ideológicos con los líderes de ETA y en el gris panorama de la izquierda crepuscular europea hay otros puntos de contacto igualmente inquietantes.

lunes, enero 15, 2007

Segolène Royal y sus impuestos




La candidata mascarón de proa del socialismo francés y europeo y su compañero, François Hollande, secretario del Partido Socialista francés y gran Inquisidor fiscal, tienen una sociedad instrumental para evitar pagar el impuesto sobre la fortuna.


Desde hace dieciséis años, Segolène Royal y su novio François Hollande han mantenido una SCI (Sociedad civil inmobiliaria) a cuyo nombre tienen el inmueble de lujo donde viven, sus residencias secundarias y no sabemos qué más.

Digo que no lo sabemos porque los balances de la sociedad La Sapinière no son públicos, viva la transparencia republicana.El escándalo lleva tres días rebotando por los blogs franceses, si bien la prensa y el adversario electoral de la señora Royal, Nicolás Sarkozy, aún no se han hecho eco del mismo.

Yo pienso que los detalles del affaire son tan sórdidos y desalentadores sobre la calidad ética de los dirigentes del socialismo francés que están todos un tanto sobrecogidos y con miedo de las consecuencias que pudiera tener un desfonde de la candidatura de la encantadora señora para el fragilizado sistema político francés.

Y digo los detalles porque al principio sólo se circulaba en la red la copia del registro de sociedades

pero anteayer por la tarde apareció la copia escaneada de los estatutos de la sociedad y el aspecto estético del asunto ha empeorado sensiblemente.
Por una parte, el artículo 19 de los estatutos autoriza a los socios a mantener “cuentas corrientes” en la caja de la sociedad. Una de las argucias de lo que se llama en Francia, en el argot de la evasión fiscal, aparcar el dinero para sustraerlo a la vigilancia fiscal al figurar como inversión en lugar de como disponible.

Por otra parte nos enteramos que hasta 1998 la sociedad se llamó Royal-Hollande, pero a partir de ese momento –en llamativa coincidencia con las primeras ambiciones presidenciales de la encantadora señora- cambiaron el nombre a La Sapinière. No se puede probar que fuera para disminuir la probabilidad de que la sociedad fuera descubierta por los medios de comunicación.

Por fin, resulta que la sociedad se constituyó con un capital de 6 millones de francos de los de 1990 –apxte un millón de euros—pero, claro, ese no es el valor actual de su patrimonio, el cual, como mínimo ascendería a 2 millones, pero que puede ser más, nadie lo sabe puesto que los balances y las declaraciones de la Sapinière, por decisisón de la señora Royal y el señor Hollande, no son públicos.

Un asunto clave para entender el potencial destructivo de este escándalo para la imagen del socialismo y la ambición presidencial de la señora Royal es que el señor Hollande ha tenido la desafortunada idea de participar en la campaña en plan Torquemada fiscal (o Robin Hood tributario) diciendo majaderías del tipo de que el pavoroso déficit fiscal francés se arregla aumentando el impuesto a los ricos y a quienes ganan más de 4,000 euros al mes.

Se le ha olvidado añadir que no hayan tenido la previsión de montarse una sociedad ad hoc para camuflar su fortuna a la Hacienda pública.

martes, diciembre 21, 2004

Qué está pasando con





("Desde el Boulevard de los Sueños Rotos")


Tremenda, la frase de Orwell tras la guerra civil española:

"One of the dreariest effects of this war has been to teach me that the Left-wing press is every bit as spurious and dishonest as that of the Right."
George Orwell, Homage to Catalonia.

"Uno de los efectos más deprimentes de esta guerra ha sido enseñarme que la prensa de izquierdas es exactamente igual de mentirosa y deshonesta que la de derechas".
George Orwell, Homenaje a Cataluña.

Tremendo que venga a la memoria leyendo la carta abierta de 70 escritores e intelectuales, encabezados por Mario Vasgas LLosa, tachando a El País de ejercer la censura contra sus críticos literarios...

Luego contaré un poco la historia del crítico.

Primero quiero decir que me siento triste y deprimido porque El País fue siempre para mí la demostración de que se podía hacer prensa buena y decente en España. Porque durante muchos años creí en su divisa, "Diario Independiente de la Mañana". Porque fue un placer y un honor publicar en sus páginas... Recuerdo, con particular afecto cierto reportaje sobre el conflicto con los Khmeres rojos y la terrible situación en la frontera entre Camboya y Thailandia. Recuerdo la estimulante charla que tuvimos en la redacción y mi impresión, tan favorable, de aquellos profesionales que, sabían ser de izquierdas y excelentes periodistas. Mariló Ruiz de Elvira, Juan González Yuste, q.e.p.d.

Recuerdo también hoy a su actual director, Jesús Ceberio. Cuando lo conocí era, sin género de dudas, el corresponsal extranjero mejor informado y con seguridad uno de los más competentes en el México donde el PRI iniciaba su largo crepúsculo. La independencia de Belice, la valoración desapasionada y certera que hacía del avispero centroamericano, de la precoz locura senil de la dictadura cubana.

Siempre me sentí, por mi orígen español, orgulloso de El País. De que hubiera un diario madrileño "en las grandes ligas" de la prensa mundial.

¿Qué ha pasado? ¿Será verdad que se han vuelto, como dicen ahora, literalmente "La Voz de Su Amo". El amo Jesús Polanco, que en Madrid apodan Jesús del Gran Poder. Un empresario que supo flotar en todas las borrascas de las transformaciones políticas españolas. ¿Un ciudadano Kane con alma de vendedor de inmobiliaria? En todo caso un hombre que compra y vende y no es seguro que conozca el verso genial del clásico de que "el alma sólo es de Dios" o haya leído El Mercader de Venecia.

Polanco, a la española, quisiera ser, se sueña Murdoch, pero no es Murdoch. Es otra personalidad. Es, sobre todas las cosas, un caudillo, jefe de clan, de tribu arábiga o plebeyo romano parvenu que sólo puede vivir rodeado de clientes y aduladores.

Es el tipo de persona que necesita tener una isla en Miami porque cierto cantante de gran éxito la tuvo. Que no duda en montar sobre el caballo loco del antiamericanismo, azuzado por la izquierda española con el dinero robado por Saddam Hussein, y picar espuelas. Pero yo no creo, honestamente, que lo haga por maldad ideológica. Lo hace porque ve dinero en ello, porque apostó por un caballo con querencias de percherón y estampa de jerezano. (¿Apostó por él porque con el gobierno anterior había fronteras, límites a su ambición?)

También sitúa sus peones en el lado equivocado de esta guerra actual porque piensa que no tiene nada que temer del Tio Sam y el bando democrático y sí mucho que ganar de sus enemigos.

La Historia del Crítico

Ahora tengo que contar un poco qué pasó. Poca cosa en sí: un crítico literario se permitió escribir una acerba crítica contra un novelista de la casa , Bernardo Atxaga, escritor vasco que a mí, por cierto, me gusta. Pero Atxaga es editado por la editorial del grupo de El País (no se cómo se llama, ni importa). Entonces, horror, Jesús Ceberio, que ha debido cambiar mucho, vistas las crisis de cólera que tiene en redacción, decide, manu directori, que el crítico díscolo deje de ser publicado.

Hablo de lo evidente, de lo que se desprende de todas las versiones, más allá de las anécdotas. El crítico aguanta unas semanas y, tras un período de idas y venidas, protesta. No le hacen caso. Protesta ya por escrito. Pero sólo le responde el silencio de la máquina. ¿Huele a Gulag El País? El crítico ha sido convertido en un no-ser. Ha dejado de existir...

¿Pero qué diablos es un crítico si no puede criticar? ¿Es posible la buena crítica literaria sin libertad de expresión? ¿Hay crítica literaria buena en Cuba? No se. Pero es muy triste. Tristes ropajes de silencios, de acomodos. Y me viene a la memoria M. A. Bastenier, expulsado, sacado en volandas por los esbirros de Fidel Castro que daba una conferencia de prensa en Caracas... recuerdo que lo sacaron gritando "¡En España no hay presos políticos, hay terroristas encarcelados!", porque el Supremo, cuando le preguntaron por los presos de conciencia cubanos dijo con su sonrisa de fauno que "Todos tienen presos políticos. España, por ejemplo, tiene a los militantes de ETA". Lo olvidaba, Bastenier creo que ahora es subdirector de El País.

Pero ninguna voz se ha alzado en la redacción de El País pidiendo libertad.

Todos callan. ¿Por prudencia, por miedo, por indiferencia, por cinismo? Supongo que, por mezclas diversas de esos ingredientes,
callan . Quizá hablen de dos en dos, de tres en tres, en confianza. Como cuando, cuentan, se reunieron unos cuantos a celebrar la victoria de Bush.

Y ese clamoroso silencio es el coro de plañideras fantasmales que acompañan el entierro de un sueño que se llamaba El País.
Y recuerdo la canción de Sabina del Boulevard de los Sueños Rotos.

Fue un gran periódico, qué se le va a hacer.

miércoles, octubre 06, 2004

Colombia, principal destino de remesas desde España

Víctor Manuel Vargas, corresponsal de EL TIEMPO de Bogotá (¡Qué buen periódico, por cierto!) informa desde Madrid que un estudio del Banco de España cifra en 711,7 millones de euros (882 millones de dólares) el total de giros realizados a Colombia durante el 2003, un incremento del 22 por ciento frente a los 580,6 millones de euros enviados en el 2002.

Ecuador está en segundo lugar, con el 25,09 por ciento; y el tercer y cuarto lugar son para Marruecos y Rumania, con el 5,16 y el 4,79 por ciento, respectivamente. Hay cerca de 500 mil colombianos en España que envían dinero a sus familias.

Cifras del Banco de la República indican que el año pasado Colombia recibió un total de 3.000 millones de dólares por concepto de remesas, la mayor parte de ellos provenientes de Estados Unidos y en segundo lugar, de España.

martes, octubre 05, 2004

Bolivariano Chávez varado en tierra


Don Hugo Rafael de Chávez y Frías, bolivariano presidente de la bolivariana república hermana de Venezuela es un caballero con iniciativa. Según me contaba un amigo caraqueño y socarrón, hace unas semanas dijo en su programa “Aló Presidente” que iba a apoyar las reivindicaciones de ese otro querido gran prócer latinoamericano, el senhor Lula da Silva, en la Cumbre Mundial contra la pobreza de Nueva York. Cómo no, el gran estadista bolivariano se entrevistaría con Lula, Kofi Annan, Lagos, Chirac y Rodríguez Zapatero, con la bella intención de arreglar el planeta. También dijo, ay, que se reuniría con doscientas megaempresas americanas, entre las cuales, ay, las agencias de riesgo que siempre, ay, dicen que la bolivariana Venezuela del bolivariano señor Chávez, ay, ay, ay. Por supuesto, iba a verse con Colin Powell, quién sabe si con el presidente Bush. Asistiría también al acto de toma de posesión del flamante (y sufrido) nuevo secretario de la OEA, don Miguel Ángel Rodríguez.

No quedó claro si también la apretada agenda bolivariana incluía a la Santísima Vírgen de Coromoto.

Pero, lo que son las cosas, no hubo viaje. Según el ministro de Información bolivariano, una falla en el avión presidencial detectada sobre la marcha “obligó a abortar el despegue de la aeronave debido a una falla en el motor de arranque”.

El señor Chávez no voló a Nueva York y el edificio de la ONU, que tanto ha visto, se perdió el siempre estimulante espectáculo del verbo bolivariano resonando en el ágora mundial. También debieron lamentarlo mucho los señores Bush y Powell, Lula, Kofi Annan, Lagos, Chirac y Rodríguez Zapatero, por no hablar de las doscientas megaempresas americanas. ¡Qué desconsuelo! Imagínense, con una crisis económica mundial en puertas y ellos sin el socorro intelectual del señor Chávez...

Pero sobre todo, sobre todo, seguro que se sumieron en el desespero y la tristeza las agencias de riesgo, a las que les cuesta tanto entender las sutilezas del bolivariano pensamiento. Se perdieron la ocasión de una exposición en directo de la ciencia económica bolivariana, las pobres. Oigo que van a añadir un "ay" al consabido "¿Chávez? Ay, ay, ay". Lo que, visto cómo va el precio del petróleo, es ya todo un éxito.

No tengo datos de la reacción de Nuestra Señora de Coromoto.

Astilleros españoles: Barcos Sin Honra

Leo en la prensa española que los trabajadores de los astilleros se manifiestan, a veces con violencia, y piden al gobierno regional vasco, al gobierno central, a las diputaciones y -supongo- a Dios bendito que aunen esfuerzos para "dotar de carta de trabajo y dar una solución pública al astillero sestaoarra."

Según el diario Correo Digital de Bilbao, "se concentraron primero frente a la sede del Gobierno vasco, donde demandaron carga de trabajo y profirieron gritos de "Astilleros solución", "Gobierno vasco mójate" y "Los gaseros ¿Dónde están?". Luego, frente a la delegación del gobierno central corearon "PSOE escucha, el pueblo está en lucha", "Petroleros ¿Dónde están?", "Ni cierre ni despido en el sector naval" y mostraron carteles en los que se podía leer "Zapatero mentiroso".

El líder sindical de los manifestantes advirtió de la necesidad de descartar la privatización. Quieren seguir perteneciendo al sector público, seguir siendo honrados funcionarios que hacen barcos a ritmo y costo de funcionarios. No como los coreanos que hacen barcos más baratos. La cuestión es que dicen que el Sr. Zapatero les prometió ser funcionarios, pero ahora dice que dijo Diego donde ellos oyeron digo.

El diario español El Mundo cuenta a sus lectores que los coreanos ganan más que sus colegas españoles en todas las categorías profesionales -¿menos los altos ejecutivos?- pero hacen barcos más baratos. Como supongo que los insumos materiales y energéticos costarán igual en Bilbao que en Corea y que el equipamiento será más o menos equiparable, infiero que para hacer un mismo barco en un período igual de tiempo hacen falta menos coreanos que funcionarios industriales españoles. La regla de tres indica que a los españoles les sobra gente y el sentido común sugiere que los coreanos trabajan más que ellos.

Dicen los manifestantes que están en lucha. ¿Luchan para que alguien arbitre una verdadera solución a ese problema o para que les paguen más que lo que producen?

Los sindicatos no piden hacer barcos más baratos y que puedan venderse en el mercado, que no veo yo qué otra solución puede haber. Eso implicaría trabajar más duro y hasta ahí podíamos llegar. Lo que quieren es seguir trabajando menos que los coreanos, fabricando barcos más caros y que los ciudadanos que tienen un trabajo que de verdad produce riqueza y pagan impuestos les subvencionen.

Me recuerdan la famosa sátira de Frederic Bastiat de la petición de los fabricantes de velas de Francia para que el estado les protegiera contra la competencia desleal de la luz solar.

Entonces, a mi entender, se plantea el problema de si los sindicatos defienden los intereses de los trabajadores ("la clase obrera", dicen ellos) o si defienden un estatu-quo perverso, injusto para los ciudadanos no subvencionados y, sobre todo, sin visos de resolver verdaderamente ningún problema.

Porque, ¿qué se puede decir en este contexto de la izquierda española, incluida la que está en el poder? ¿Es exagerado decir que engañan diligentemente a su parroquia? No lo creo. Si trabajamos para alguien, es deshonesto no advertirle si sabemos que le amenaza un peligro. ¿Qué pensaríamos de un médico que supiera que su paciente tiene una enfermedad y no le advirtiera? ¿Y si, además, le diera a sabiendas un tratamiento que sabe que no le va a curar? Los líderes sindicales, los políticos de izquierda, ¿para quién trabajan?

Esos profesionales de la política y el sindicalismo saben perfectamente que los astilleros españoles no tienen viabilidad, pero no tienen la hombría de bien de decírselo claramente a sus representados.

Claro que saben que los barcos que se construyen en España son más caros que los coreanos porque las empresas españolas tienen menor productividad y están peor organizadas. Porque los trabajadores están peor formados y trabajan menos. Porque, finalmente, sobra gente y falta capital humano. 

Pero prefieren engañar a sus representados y hablar de mantenerles los puestos de trabajo como si eso fuera un fin en si. ¿No sería más honesto informarles de que hay que asumir que su empresa tiene que cerrar, que va a cerrar? Decirle a la gente que ha llegado el momento de aprender a hacer otra cosa...

Para mantener su plataforma de poder, lo que proponen esos señores es que todos los trabajadores de empresas absurdas se conviertan en funcionarios. No importa si los barcos que construyen son mejores o peores, si se venden o se desguazan. No se construyen para navegar y transportar mercancías de forma económicamente racional sino para que los que los hacen tengan trabajo.

Hay otra aparente contradicción en la reivindicación sindical actual: ahora exijen que los astilleros pasen a ser una industria militar y construyan barcos de guerra. ¿Dónde quedó el supuesto pacifismo de la izquierda? ¿O será que sólo harían barcos con cañones que disparasen chupachups? Pero claro, tampoco se trata de hacer barcos de guerra bien hechos y que sean militarmente eficaces. Al revés, eso sería participar en la orgía belicista del capitalismo. De lo que se trataría es de que fueran rápidos y confortables para que los militares españoles pudieran replegarse más deprisa y cómodamente, en espera de que les dieran una medalla al mérito militar por hacerlo.